lunes, 5 de marzo de 2018

Bailando en la oscuridad. Mi lucha: 4




Y ya vamos por el cuarto tocho que me leo sobre el vomitado de sinceridad de Karl Ove Knausgard. En España se ha publicado también el quinto así que no estoy muy alejado de alcanzarle en su traducción peninsular. De hecho he ido esta mañana a la biblioteca porque estaba disponible, o eso decían, y no fue así. Bueno, supongo que podría empacharme y no juzgarlo como merece.
En este tomo nos cuenta su etapa de los dieciocho años. Hace de profesor en un pueblo del norte de Noruega. Allí no se esconde al confesar una fugaz obsesión pederasta por una alumna, su eyaculación precoz al iniciar su sexualidad, sus inicios como escritor y las miserias de un joven que para esconder sus problemas los agrava bebiendo y dedicándose al aturdimiento etílico. Como siempre, una vez más, páginas que aburren junto a páginas que sorprenden por lo desvergonzadas. Creo que esta obra general de “Mi lucha” es un clásico futuro y marca una tendencia literaria. Vista en conjunto es grande. Vista en detalle es imperfecta por largos momentos de tedio a los que nos somete el escribir sobre lo que nos sobrecoge pero también sobre lo que de puro cotidiano no merecía la pena ni mencionarse. Sea como sea, los que le leemos siempre volvemos. El mundo se ha rendido ante este hombre tan imperfecto. Tan humano. Porque otra cosa no, pero sinceridad… Casi indiscutible.

Y pensé: eso soy yo y mi escritura, una isla de luz en la oscuridad” pág.388 

lunes, 5 de febrero de 2018

Mi maravillosa librería



Por mi experiencia lectora, Periférica tiene dos clases de libros: los raros y los libros que tratan sobre libros. A los últimos me apunto mejor que a los primeros así que este fue recolectado nada más verlo en su estantería. Petra Hartlieb nos cuenta su experiencia cuando compra a medias con su marido una librería en Viena. El libro es nada más que eso. Y todo eso. Contado directamente, rozando lo coloquial, sin efectismo alguno. Directo. Muy simpático si se me permite también el coloquialismo. A lo largo de sus páginas vemos las dificultades de los libreros, el inmenso esfuerzo de jornadas de más de nueve horas intensas en las que hablas y hablas sin parar y descargas libros y te multiplicas porque si no, no sales adelante. Pero tengamos en cuenta que esta librería parece de las que funcionan, dudo que sea extrapolable a esas librerías que cierran y ves vacías por ahí.
La autora nos cuenta casi en confidencia hasta los problemas con su marido o su suegra. También, de un modo natural, cómo se va a dormir con una o dos copitas de vino para coger el sueño. No sé si se da cuenta pero de una manera suave eso es alcoholismo.
La novela no tiene el habitual inicio, nudo y desenlace. No hay más conflicto que levantar esa librería y no hay más malvado que Amazon que sale más de cinco veces mencionado como el terror de los pequeños libreros.   
La novela en realidad es más documental que literatura pero si te interesa este mundo ya cumple con su función de entretenimiento y hasta de aprendizaje sobre el mundillo.
También te aporta la convicción de que si amas lo que haces, cualquier sobresfuerzo te compensa. Esta librería acaba siendo como un hijo. Miles de problemas pero al final no renunciarías a ella por nada del mundo.

Un libro interesante pero no busques más historia que la que indico. Y ahora que Isabel Coixet se ha llevado un Goya con una historia que también habla de libreras basada en una obra similar es un buen complemento si te va este subgénero de la literatura(libros que hablan de libros o de librerías). 

lunes, 8 de enero de 2018

"Juliet, desnuda" y "El número 11"



Dos novelas de la misma editorial, de dos ingleses de la misma generación, Nick Hornby (1957) y Jonathan Coe (1961), leídas en el mismo intervalo de tiempo en que me apetecía volver a Inglaterra y su ironía. Sólo diferenciadas por su temática y porque “Juliet, desnuda” de Hornby se editó hace unos siete años (pero está en cualquier biblioteca) y “El número 11” es del 2017, casi ayer mismo en su edición española.
También las asemeja lo bien construidas que están. Ambos escritores son magníficos como novelistas. Aunque prefiero a Coe, con el otro seré un poco injusto. Leído Hornby entre dos malas novelas saldría ganando. Leído al lado del supremo Coe se me queda pequeño.
Hornby siempre nos habla de adultos un poco frikis de la música en relaciones difíciles con su madurez o sus parejas. Y en esta novela tenemos un matrimonio y un tipo que se pasa la vida en foros de internet hablando de un viejo ídolo musical que desapareció años atrás y que sólo recuerdan sus simpatizantes. Su mujer se plantea si no ha tirado los quince años de pareja con él. Porque su vida no parece muy divertida. Al menos para ella. Hasta que un día esta, por motivos que no contaré, se intercambia emails con el cantante y comienza una relación epistolar con el ídolo de su marido, el pedante de su marido, añado. La novela es ligera pero mantiene su interés. He leído por ahí que Hornby no es un gran escritor pero sí un buen novelista y creo que firmo esa idea. No hay grandes frases que llevarme subrayadas pero está bien estructurada, los personajes bien definidos y la trama mantiene un interés más o menos regular. Es agradable sin excesos. Y a veces hasta me he visto reconocido en personajes que no me gustaban (tiene mérito que nos identifiquemos con un mal personaje cuando lo fácil es buscarte al heroico pero Hornby me ha puesto ese espejo delante y me miro, hay que hacer autocrítica).



Del gran Coe que ya he tratado antes por aquí (en otras novelas ya que he leído unas cinco o así) sólo puedo decir que siempre salgo impresionado de su mundo literario. A las capacidades del otro escritor como novelista debo añadir la originalidad impredecible de sus tramas. Y que sus estructuras complicadísimas con historias dentro de otras historias no le complican la vida al lector. Hace que lo difícil resulte fácil.
En “El número 11” Rachel y Alison son dos amigas a las que vemos desde su infancia hasta su madurez. Pero cada capítulo trata la vida de estas en común o por separado. Y en cada capítulo aparece un personaje diferente que se roba el protagonismo. Son como cuentos unidos por ambas chicas que representarían la historia central. Pero es que los cuentos son variados como pocos. La madre de una de ellas es una famosilla de esas a las que cogen en reality shows de supervivencia en Australia y vemos ese mundillo (uno de mis capítulos preferidos, así es la telebasura por dentro), un escritor obsesionado con una película que vio de crío en un corte televisivo, un supermillonario que contrata a Rachel para que cambie a su hijo de pijo a ser humano normal, una subtrama de policías y detectives y ladrones… Aquí cabe de todo. Crítica a la sociedad inglesa que como siempre digo con todas las sociedades, no es tan distinta de la nuestra (problemas de recortes en sanidad, en bibliotecas, etc. y  manipulación), historia de género negro, de monstruos(sí, sí, también pero te lo creerás todo), algunos personajes que ya aparecieron en otras novelas del autor…  Da igual. Todo cabe y nada chirría. Jonathan Coe es tan bueno que ya casi lo situo al lado de mi querido Ian McEwan o Julian Barnes o… vale, Paul Auster no es inglés pero como sus historias dentro de historias me lo ha recordado, también lo comparo con él. Todos grandes escritores. Otro día hablamos de las grandes escritoras pero estoy poniéndome de acuerdo conmigo mismo en este terreno. Aunque aviso que me salen también muchas inglesas. Cada loco con sus gustos estilísticos. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Las efímeras



A Pilar Adón la sigo desde hace tiempo en varias de sus encarnaciones. Como cuentista, como entrevistada (sí, me gusta mucho lo que explica sobre literatura, es una lectora voraz), como traductora para Impedimenta, ¡hasta en el facebook la sigo!
Tal vez por eso quería leer desde hacía tiempo “Las efímeras”. Es una novela que ya partía con varias buenas reseñas. Porque esta mujer escribe muy bien. Su narrativa se enmarca en ese estilo que crea atmósferas más que historias al uso. También hay una buena construcción de personajes. Sin prisa. Lo que sucede en sus historias sucede más dentro de sus personajes que fuera. También destaco el simbolismo. En esta historia todos los personajes tienen un animal totémico. En el caso del personaje Dora el lagarto, en el de su hermana el capullo que se hace mariposa, los hombres somos bestias cercanas al lobo o al cerdo claro, ya me voy acostumbrando (aunque sigo sin aceptarlo al cien por cien), por ahí va el asunto.
Pero como sé que hay gente a la que le interesa la historia que se cuenta aquí va el resumen. Dora Y Violeta son dos hermanas que se relacionan como muchas hermanas o amigas que conocemos. Una domina sobre la otra. En realidad en las parejas casi siempre es así pero en este caso es flagrante la dominación de Dora sobre su hermana. Estas viven aisladas a las afueras de una comunidad. Dicha comunidad es un lugar llamado la Rouche que vive en una gran casa con las habitaciones en forma de colmena (son como insectos, en realidad todos lo son, efímeros y efímeras). Su estilo de vida es la autosuficiencia. Pero un día la hermana pequeña, la dominada, se lía con Denis, un tipo de turbio pasado y se va con él.
Mientras, en la comunidad, Anita controla a su propio grupo de gente. Ella también mantiene una curiosa relación  con Tom, otro tipo interesante aunque de modo diferente a Denis. En realidad la historia parece más interesante de lo que luego resulta sobre el papel. Pilar Adón no tiene prisa por que sucedan acontecimientos. Va presentando en episodios autoconclusivos a sus personajes. Con un ritmo ente lento y estático. Más centrada en su poética escritura y en el cómo se cuenta que en el mismo contar. Y como escritora de la técnica por encima de la visceralidad todos sus elementos derivarán en una conclusión calculada. Ella es la creadora de su universo. Es su dios absoluto. Nos propone sus propias reglas sin explicarlas pero se entienden. Es un universo sin tiempo (aunque leemos sobre un coche sin modelo que al menos nos sitúa del siglo XX en adelante), hay una naturaleza dura, bíblica y que da miedo (me recuerda al Lars Von Trier de la película “Antichrist”), hay sensación de irrealidad a pesar de que no hay elementos claramente sobrenaturales.
Como detalle diré que el hecho de que la comunidad se llame La Rouche no parece nada casual, fue una escuela francesa, laica y autogestionada entre los años 1904 y 1917. En cuanto a los nombres tan poco españoles de los personajes parece más bien ese esnobismo que tenemos los anglófilos por lo de fuera (aunque cuando yo escribo en la intimidad tiro del santoral autóctono, me gusta lo inglés o lo francés pero no desprecio la península, creo que en cualquier lugar cuecen arte o belleza).
Como pega, decir que a ratos se me alargaba toda esa calma a la hora de contar y también el hecho de que Adón me parece escritora de escritores. Por y para ellos. Demasiado. Falta sentimiento. Falta soltarse el pelo y convulsionar al lector, sacar lo que tienes en las entrañas y luego sí, ordenarlo con tu intelecto pero sacar algo  menos perfecto. La belleza por sí misma no es suficiente. Los libros que quedan dentro de ti suelen ser más humanos. Y este es un libro que asfixia sin tregua. También es una máquina que de tan perfecta está pidiendo a gritos algún fallo. No sé.

“A veces, dos personas que no se conocen de nada pueden tener las mismas impresiones, moverse por estímulos idénticos, lamentarse y arrepentirse de lo mismo, formarse juicios y presentir exactamente los mismos hechos venideros. Y no saberlo” pág. 144     

“A mí no me interesa la belleza comúnmente aceptada, ya lo sabes. No me ha interesado nunca. Cuando veo cuerpos perfectos, una piel límpida, el pelo ordenado, las medidas correctas…. Son elementos que no me sorprenden. No me conmueven. Prefiero detectar algún descuido. Alguna flaqueza. Los cuerpos impecables no han vivido…”pág. 206


“Creo que fue Schopenhauer quien dijo que el instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad sino en el miedo a la soledad, y estoy totalmente de acuerdo” pág.216  

domingo, 19 de noviembre de 2017

Francamente, Frank



El alter ego de Richard Ford es sin duda Frank Bascombe, su personaje más íntimo. El personaje de una trilogía algo más que exitosa: El periodista deportivo, El día de la independencia y acción de Gracias. Si no recuerdo mal leí hace muchos años el segundo y creo que no estaba preparado para una literatura más descriptiva que  de acción. Pero años más tarde, con más bagaje literario me quedé prendado con sus cuentos y sobre todo con Canadá. Redescubrí a un autor al que ya le entendí la grandeza. Porque se puede ser Shakespeare pero ni Shakespeare le gusta a todo el mundo. Y Richard Ford imagino que tampoco.
Con ese pasado llego a “Francamente, Frank”. Este supondría un epílogo a la trilogía de la que hablo. El personaje tiene sesenta y ocho años. Un personaje jubilado y reflexivo.
Diría que son cuatro historias o cuentos pero no hay historia. Se puede escribir sin narrar una historia y sin embargo sentir que te han explicado algo. En la primera “historia” Frank visita los restos de la casa de un tipo al que le vendió una casa que se le llevó un huracán (curioso que lo he leído tan cerca de las noticias sobre estos desastres del clima). En el segundo una señora le visita porque quiere ver la casa en la que vivió cuando era niña y en la que ahora vive Frank. En otro visita a su ex mujer Anne que tiene una enfermedad terminal y la vive en una clínica de alto standing. Termina… Da igual. Ya ven que las historias no son de suspense o acción precisamente. Pero la aventura mental del escritor sí me interesa. Ese vistazo melancólico a lo que a todos nos espera (con suerte) cuando empecemos a recoger las cosas de nuestro escritorio y empecemos a dejar espacio a los que vienen detrás. Tal vez por eso me choca que la contracubierta hable del sentido del humor de Richard. No es un libro con el que me haya reído precisamente. En ocasiones he sonreído mentalmente pero esto es más una reflexión sobre la humanidad (ver su interesante reflexión sobre lo innecesario de tener muchos amigos y de lo sobrevalorada que está esta amistad). Parece un libro de Domingo, sofá y té. Pero también es buena literatura. Porque habla de temas eternos como las relaciones de pareja, la citada amistad, nuestro rápido paso por la tierra… Todo eso sin alardes ni excesos. Con su habitual estilo sin adornos. Seco pero directo como mucha de la literatura americana. Y sin embargo con un estilo fácilmente distinguible.
No consumir en caso de bajón.

“– Creo que ya es hora de que te vayas.
Anne abre los ojos desmesuradamente, pero no mueve los pies.
-      Lo sé- digo.
No hay necesidad de tocar, besar, abrazar. Pero lo hago de todos modos. Es nuestro último fetiche. El amor no es otra cosa, al fin y al cabo, que una interminable serie de actos individuales.”  Pág. 166


lunes, 30 de octubre de 2017

Chicas muertas



Selva Almada escribe su novela más concisa e intensa. ¿Novela? No exactamente. Es literatura si Alexievitch lo es. Pero realmente no es lo que alguien podría considerar exactamente así. Aunque tampoco es un ensayo periodístico. Creo que está tocando varios de esos límites o que los cruza pero no se deja etiquetar fácilmente. Tampoco importa demasiado. Quiere contarnos algo y lo hace con nota.
Tres adolescentes de provincia en los años ochenta mueren impunemente. Tres chicas muertas, como resume el libro. Cuando Argentina celebraba su democracia de estreno. Y años después se investiga sobre lo que pudo sucederles. Este párrafo indica muy bien la intención de la autora y de la narradora, que parece más su alter ego que un personaje al uso.

Yo creo que lo que tenemos que conseguir es reconstruir cómo el mundo las miraba a ellas. Si logramos saber cómo eran miradas, vamos a saber cuál era la mirada que ellas tenían sobre el mundo ¿entendés?” pág. 109

La novela quiere analizar por qué sucedió lo que sucedió con estas chicas y tantas otras anónimas mujeres que murieron por violencia de género. Sus ejemplos de agresiones a todos los niveles del hombre contra la mujer en ciertos ambientes rurales da alguna clave pero no quiere agotarse en eso. Hay alusiones a detalles de la propia familia de la autora-narradora. Detalles difíciles de abordar para alguien menos valiente que Selva Almada. 
La historia no cuenta grandes barbaridades pero me parece más espeluznante y terrorífica que si lo hiciera. Juega bien con el fuera de campo. Y nos hace empatizar con esas tres chicas que un día salieron de su casa para no regresar mas que en forma de comunicación macabra por parte de la policía. 
Diría que ciertos hombres podrían leerla y aprender algo pero me temo que el machismo no lee literatura femenina. O mejor dicho Literatura. Y el femicidio del que se habla aquí es más cosas de bárbaros o psicópatas.
Viendo la prensa española pensaría que la violencia de género sólo sucede aquí pero este libro me trae una Argentina muy similar a nuestra tierra. Incluso he comprobado que en los ochenta tenían algún programa televisivo muy similar a los nuestros (como “La clave”).
Selva Almada huye del morbo. Explica. Con frases increíblemente concisas. Es un libro breve pero dice más de lo que se ve. No parece tener ni una coma de más.

Y el colorido de algunos giros lingüísticos de esa Argentina no perturba el buen fluir del relato. Es fácil entenderla por el contexto.    
Como detalle decir que lo encontré en narrativa policíaca y de eso hay pero no es novela de género. 
Intento cogerla y etiquetarla pero no se deja. 
Sólo añadir que da para reflexión más que para evasión. 

lunes, 16 de octubre de 2017

Cáscara de nuez



Nunca me falla. Y parece que fue ayer que reseñaba aquí mismo “La ley del menor”. Pues casi por sorpresa, como casi siempre que paseo por los estantes de novedades de las bibliotecas, me encontré con la última novela de Ian McEwan. Parece que últimamente va más rápido (o yo reacciono más lento). Y a pesar de que publica con cierta fluidez no baja el nivel. Está entre mis escritores preferidos y cada novela me justifica este aprecio y fidelidad de lector. Una balda de una de las estanterías de mi casa le homenajea. Fui comprando casi todos sus libros a la que podía. Con este tenía mis reservas pero...   
En esta novela pensé que me decepcionaría por un par de motivos. Trata sobre un triangulo amoroso. Un marido poeta enamorado de su mujer que a su vez se acuesta con su cuñado. Entre el cuñado y ella deciden matar al poeta. El argumento no podía ser más trillado.
Por otro lado el punto de vista es el del bebé del poeta que ella lleva en las entrañas. Esto sí parece más original pero me parecía un punto de vista inverosímil. Este nonato tiene reflexiones sobre nuestra actualidad política, sobre la humanidad, sobre el futuro, sobre sus padres y lo que van a hacer que son francamente ingeniosas. Pero precisamente por eso no puede tenerlas. Un feto entre sus paredes uterinas no puede dar para tanto. Y aún así, si lo tomas como el elemento humorístico del asunto que es y entras en el juego (curioso cuando se queja del sexo de su madre y del sexo de este golpeando cerca de su cara o sobre cómo le afecta el sexo oral de su madre), se puede disfrutar. Hay que olvidar que el narrador es el bebé. O por lo menos recordarlo al final que es cuando todo eso cobrará sentido.
Porque McEwan, como los buenos novelistas ingleses entre los que destaca prácticamente como el mejor, va dejando caer detalles aquí y allá que no son casuales. Y ese argumento tan tópico del que me quejaba, sólo por su trabajo de orfebrería con la psicología de los personajes, parece nuevo. Vuelve a resultar interesante lo de "matemos al marido" que ya hemos visto en mil ficciones. Porque sí, una vez más, importa el cómo se cuenta y no tanto el qué.
Lo siento, amigos y amigas, este escritor me gusta demasiado. Voy a buscar otras reseñas por ahí a ver si me he excedido y le he dado puntuación doble por inglés y por ser McEwan.

“Estamos hartos de privilegios y placeres, así como de quejas, y los que aún no lo están, pronto lo estarán…. Siempre nos preocuparemos por cómo van las cosas: es lo que depara el problemático don de la conciencia”  pág.40 (esto viene tras un largo monólogo sobre nuestros problemas actuales como especie y cómo a pesar de nuestras quejas estamos mejor de lo que nunca hemos estado a nivel global)