lunes, 3 de octubre de 2016

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles



La última obra de Patricio Pron es una novela. Ni cuento ni ensayo. Una de carácter ambicioso. Repleta de juegos metaliterarios. Escrita con esa elegancia que se le suele atribuir en la mayoría de entrevistas o críticas que vamos leyendo sobre él (claro que este tipo de adjetivos los periodistas se los van pasando de mano en mano para no leer lo que tienen que criticar).
La novela de Pron va de un Congreso de Escritores Fascistas Europeos que iba a celebrarse durante tres días en Abril de 1945 al norte de Italia. Duró uno. Treinta años más tarde algunos de sus asistentes que siguen con vida recuerdan mediante testimonios orales lo que pasó. Algo sobre la muerte de uno de ellos, el escritor Luca Borrello. Se trata de indagar qué le ocurrió. Por qué murió, quién le mató. Quién interroga a estos escritores. Acabaremos con un capítulo ambientado en las revueltas de Milán en el 2014 contra la reforma laboral.
En la estructura de la novela reside parte de su ambición. También en el minucioso trabajo recopilatorio sobre una época mezclado con el juego inventivo (hay alusiones a escritores y personajes reales pero también a otros inventados). Por último destacaría la magnífica idea de comparar la política con la escritura. Creo que es una de sus propuestas más interesantes. Y desde luego propuestas no faltan en esta novela tan lúdica (aunque el que más se divierte parece ser el autor ya que nosotros…)  
El primer capítulo o parte inicia con los personajes y su testimonio oral del 78. Simpático acercamiento a cómo la memoria es algo que cada uno luce a su manera y cómo quita más de lo que aporta. Breve e interesante.
En el segundo capítulo ya vemos al personaje con el que creemos que vamos a estar todo el tiempo. Creemos que va a entrar en faena. Hay una persecución lenta y minuciosa entre frases largas e interminables a lo Thomas Bernhard pero la trama, a diferencia del austriaco, parece ir hacia adelante, sin sus obsesivos círculos. Ocurre algo que produce un misterio y entonces ya llegamos al tercer capítulo que sí, parece centrar y hacer girar casi toda la novela, el testimonio oral de los escritores fascistas que recuerdan la muerte de Borrello.
Y aquí es dónde yo empiezo a tener mis primeros problemas como lector. Desde la página cuarenta y tres hasta la ciento cincuenta y tres los personajes van soltando en pequeños fragmentos sus recuerdos sobre el Congreso y lo sucedido. Y nada más que eso. A pesar de algunas ideas interesantes sobre literatura y política no hay trama.
Me consta que Patricio Pron detesta la idea de hacer una novela con las convenciones al uso. Pero el problema es que detesta tanto la idea que esto ya no parece ni una novela. Se me hace pesadísimo avanzar por un erial de testimonios en los que termina por interesarme un pimiento lo que le haya pasado a Borrello y a todos en general. Un lugar dónde sabes que todas esas voces son individuales porque lo dice Pron y avisa que el que habla es un tal Atilio o un tal Espartaco o un tal el que sea porque todos hablan igual, todos son Pron, a todos se les nota que son Pron porque Pron no les ha dado individualidad alguna. No sé si voluntaria o involuntariamente pero como decía David Pérez Vega en su crítica, sientes que no vas a ningún lugar. Claro que sí acabas yendo.
El cuarto capítulo es más de esto. Hasta la ciento noventa. Casi doscientas páginas sin saber qué estás leyendo o más bien sin importarte demasiado. A pesar de los grandes párrafos que el escritor incluye ocasionalmente y que pueden interesar a los amantes de la literatura que habla sobre la literatura. A pesar de la buena escritura de estilo.
En el capítulo sexto (el quinto sigue a lo suyo) ya tendremos respuestas que no puedo ofrecer aquí pero ya es tarde. Algunos lectores ya le guardamos rencor al escritor por haber estado tan centrado en sí mismo y en su laboratorio de novela vanguardista y rupturista.
Aún así es disfrutable como a rachas. Pero cortas. Después de todo había una trama y bastante interesante.  
En la página doscientos cuarenta y cuatro se acaba la fiesta y vuelven los experimentos exasperantes. Nos explica una caja con la obra de Borrello. Montones de ideas en forma de notas que durante casi treinta páginas nos muestran la imaginación de artista ideal para museos como el Guggenheim que tiene Patricio Pron. Al principio es un juego simpático. Luego vuelve a fatigar. Notas y notas sobre los proyectos de Borrello. Finalmente agotadores leídos así, seguidos.  
En el octavo capítulo aparecemos en el año dos mil catorce y la cosa se recupera algo pero estamos muy fatigados, es mejor ir terminando ya la novela. Aunque no. Aún queda un capítulo más donde Patricio nos muestra un diccionario a pachas entre los personajes inventados y los reales. Ese juego es el más imperdonable. Los diccionarios se consultan pero no están para leerlos como si fueran una novela. Creo que pocos aguantarán esa última gracia. Aunque yo lo hice. Soy así de obsesivo.
Añadid seis páginas de agradecimientos. La novela tiene muchos acreedores y hay que pagar las deudas.
Me suele gustar Pron. Pero no tanto cuando hace novelas. Aunque El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011) sí, bastante. Era menos ambiciosa pero se leía mejor.
El Pron ensayista también es magnífico. Su blog El boomeran(g) sobre literatura es de lo mejor. Y no digo que esta novela esté exenta de méritos. A ratos es como leer algo del mejor Borges. El mismo Pron escribe sobre un personaje que ha escrito un libro que lleva el título real de un ensayo que el mismo Patricio escribió. Hay sutil ironía. Hay un magnífico edificio de guiños al lector. Hay inteligencia. Tal vez por eso he desgranado en capítulos la crítica. Para que se entienda qué es lo que no me ha gustado y tal vez, por qué voy a seguir leyendo lo que vuelva a escribir, por qué sigo sin renegar de un autor cuya última novela me ha dejado este sabor agridulce.
Pero es que al final tengo la impresión de que si un escritor se olvida tanto de sus lectores puede ocurrir que estos le acaben también olvidando a él. Espero que no.

Pensé que los pilotos de aquellos aviones veían en ese instante lo que había visto y pintado Azari y vivían de hecho en su pintura, sólo que no lo sabían, ni eran conscientes de que lo que antes había sido arte ahora era asesinato”  pág.83

“…que en el último año ha descubierto que los cadáveres son todos iguales, no importa en qué hayan creído sus propietarios antes de morir; por ello, cada muerte es igual a cualquier otra y puede ser, y de hecho es, la suya propia.”  Pág. 237


1 comentario:

  1. Hola querido
    tanto tiempo.
    No creo que seria capaz de leer un libro así
    mi mente lo rechaza
    Demasiado complejo para yo y mi que escribo tan corto
    y veo la vida simple
    pero me gusta la forma en que tu viste el libro
    y lo sentiste
    Eso me basta para eso que llaman leer
    Un abrazo y sigue leyendo que es tan lindo lo que escribes que no me importa leer yo lo que tu lees
    gracias
    un abrazo

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