domingo, 13 de agosto de 2017

Control de transmisión



Siguiendo con mi relajación estival he probado ahora con la ciencia ficción. Sí, de la hard, pero como he leído mucho de esta no pensé que me resultase un gran esfuerzo mental. Lo que demuestra que no soy adivino. Chris Moriarty, una autora de nombre ambiguo para mí (conozco tantos Chris como tantas Chris), despliega un mundo increíblemente original, cargado de ciencia bien documentada, con escenas en lugares futuros exóticos y… terriblemente decepcionante.
Porque el argumento es casi todo lo que he sacado en claro del asunto. Arkady, un clon con conciencia miembro de una organización o bando llamado el Sindicato se pasa al bando de Israel. Este clon tiene un arma que puede borrar a toda la humanidad del mapa. Pero Israel no se traga el asunto, reza la sinopsis, y lo vende al mejor postor. Por otro lado tenemos el Frente para  la Emancipación de la Vida Artificial que envía la comandante Catherine Li que fue expulsada de la Fuerzas por las Paz por crímenes de Guerra(hay otro volumen anterior pero no es necesario ni lo será porque yo paso de este mundo). Está enlazada a una IA que ha vivido múltiples vidas. Esquizofrenia de los humanos del futuro, una tierra maltrecha por efecto de estos, la metáfora del conflicto israelí-palestino contra el de los humanos-trashúmanos o humanos artificiales. Montones de ideas maravillosas de las que me voy desconectando porque el atracón de libros que la autora nos recomienda al final del tocho que nos ocupa, se inmiscuyen demasiado en la narración. Hay más datos que literatura y eso pasa factura. Los personajes no tienen ningún perfil determinado, son arquetípicos. Escribe de una manera tan farragosa que sientes que cuesta avanzar, es como un polvorón que se te atasca en la garganta y solo pasará con agua o te matará de asfixia. Pero aquí no hay agua que te lo pase. Es un magnífico ejemplo de cómo no vale tener buenas ideas si no sabes desarrollarlas con arte. No me importa el premio con el que cuenta, el Phillip K. Dick. No me lo creo. Me la comparan con Alastair Reynolds o Richard K. Morgan pero no resiste esas comparaciones.
Pocas veces he estado tan cerca de abandonar un libro. Pasaba páginas y notaba que leía con el piloto automático, no prestaba atención y me sentía como un espectador del último “Twin peaks” o como la víctima de una insolación, desorientado y al borde de una lipotimia. Y pocas veces también me cebo así con una novela.
Claro que le puedo ver algo positivo. Ocasionalmente nos explica interesantes datos científicos sobre las hormigas o sobre la biocomplejidad, los marines y todo lo que se ha leído esta voluntariosa escritora pero más parece la carpeta de documentación para escribir algo que ese algo propiamente escrito. Cuando llega la acción me importa bien poco. Ni siquiera estoy seguro de entender los motivos de ambos bandos. Y claro, no me implico.
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Un mal paso este verano no tiene por qué sacarme del objetivo de leer buenas historias. Seguiré en algún otro lugar con alguien que entienda lo que es la literatura de género. 

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Nooooo, para nada. Casi siempre doy un dato que ayude al libro pero es que este no. Y he leído otras críticas por ahí que coinciden con esta.

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