Antes de llegar a este libro pasé por
otros dos de la autora. Me refiero a su más que célebre “Memorias de Adriano” y al tal vez menos conocido “Opus Nigrum”. A mí el segundo casi me
gusta más que el otro. Pero sobre gustos no hay nada escrito… que valga la
pena.
“Como
el agua que fluye” es otra reedición. Esta es ya una señora que vive
gracias a que ciertas editoriales siguen apostando por autoras del siglo XX
cuya literatura ha envejecido poco. Aunque antes nos costaba, ya podemos considerar
autores clásicos a los señores y señoras del siglo pasado. Creo que ya hay
perspectiva suficiente para entender cuáles eran flor de un día y cuales han
sobrevivido sin envejecer ni un día lo que escribieron.
Marguerite Yourcenar escribió mucho y
bien sobre la Historia. Me sorprende que todavía se siga apostando por ella.
Tiene un estilo clásico muy poco dado al dialogo donde sí prima la descripción
(más de pensamientos o paisajes mentales que de escenarios pero a veces,
también de estos últimos) por encima del diálogo. En un mundo de capítulos
cortos, mucho diálogo, mucha separación de páginas en blanco, cuerpo de letra
tirando a enorme, etc. es grato entender que hay mucha gente por ahí que
todavía es capaz de leer la Historia vista a través de una mirada menos
complaciente.
Esta novela son en realidad tres
cuentos. La misma autora explica que los escribió con veinte años. Eran tiempos
en los que la gente de veinte años debía tener una capacidad para resultar
profunda y hasta una erudición que las tablets y los móviles están matando.
Pero no me gusta llorar sobre la leche derramada o sobre la cultura
evanescente. Es lo que hay. Y estos cuentos, todo hay que decirlo, fueron
revisados posteriormente por Yourcenar.
En estos tres cuentos tenemos una
historia de amor entre hermanos que Hollywood no aceptaría debido a que
Hollywood a su manera es más conservador y viejo que la buena literatura
clásica. Hay otra historia sobre un hombre que vive y muere y pasa por diversas
vicisitudes del siglo XVII sin una gran cultura en su haber pero con una
capacidad no inferior para extrapolar lecciones. Viene a decirnos que a los
leídos de los no leídos solo nos separa el lenguaje. Es una excelente lección
de humildad aderezada con más episodios sórdidos que no contaré aquí por no
desvelar demasiado.
El tercer y más breve de los cuentos
nos habla del hijo del señor que aparece en el segundo cuento. Quiere dedicarse
al teatro y vivir muchas vidas. Como los que leemos o los que escribimos.
Otro buen libro de la autora aún
perteneciendo a su obra menor y primeriza.
En cualquier caso siempre es mejor
empezar por lo mejor que ha hecho. O no. Este es un libro breve.
Para amantes de la historia bien
documentada y la filosofía.






