lunes, 10 de octubre de 2016

La cámara sangrienta y otros cuentos



“Recuerdo que, aquella noche, yací despierta en el coche cama en un estado de tierna y deliciosa agitación, con las mejillas ardiendo contra el impecable lino de la almohada y el corazón imitando en sus latidos los grandes pistones que empujaban incesantemente el tren que me arrastraba lejos de París, lejos de la infancia, lejos de la blanca y recluida quietud del piso de mi madre, hacia el país imprevisible del matrimonio.”
Así empieza el primer cuento de la selección de relatos de terror y erotismo de Angela Carter. En todos ellos se tratan viejas y conocidas fabulas y mitos desde el punto de vista del sadomasoquismo, la liberación de la mujer, el erotismo(o el sexo puro y duro, ya hemos dicho sadomaso) y aunque parezca mentira… también algo de lirismo. Porque el lenguaje está tan cuidado como esta edición de Sexto Piso que reseño. La editorial mexicana que tanto me han recomendado me ha entregado ya unas cuantas perlas. Estos no quieren Best Sellers ni en pintura(o sí, les encantaría vender mucho sus libros pero el realismo nos invita a no ser demasiado optimistas al respecto).
En este hermoso libro ilustrado por la chilena Alejandra Costa, hay varias mujeres que podrían ser la misma y no me extrañaría que esa fuese Ángela, entregadas a los hombres por diversos motivos. O mujeres que se entregan a sí mismas porque sí. Entregadas sí, pero brevemente, porque suelen resultar una mercancía muy peligrosa. Las dos variantes de “La bella y la bestia” que incluye el libro nos muestran una bestia más tímida y apocada que la bella, más bien esta voraz y ninfomaníaca. El desfile de mujeres que transitan estos relatos son de armas tomar (literalmente).  
Hay un lenguaje delicado y poético, ya lo he dicho, pero ocasionalmente te salta a los ojos un pasaje más subido de tono (el libro es del 78, haced cuentas de cómo andarían las cosas en esa época). Aquí la joven casadera descubre un grabado más bien masturbatorio que esconde su marido:
“la muchacha con lágrimas aferradas a sus mejillas como perlas engarzadas; su coño un higo cortado entre los grandes globos de sus nalgas, sobre las que estaban a punto de caer las colas nudosas de un látigo; un hombre de máscara negra que con la mano que tenía libre se toqueteaba la verga, curvada hacia arriba como la cimitarra que llevaba. “  Este pasaje parece prefigurar la prosa de revistas como “Private”, la verdad.
Y mientras nuestra simpática autora se decide entre entregarnos poesía o porno, tenemos algunos diálogos:

“- ¿Estás segura que lo amas?
-      Estoy segura de que quiero casarme con él”

O nos cuenta lo que le sugieren los horrores que nos describe y nos acordamos de las sombras de Grey pero afortunadamente esto es otra cosa:

“Hay un parecido sorprendente entre el acto del amor y las atenciones de un torturador”

Esta señora debió ser una gran lectora del Marqués de Sade y luego lo filtró y se dejó de lado la escatología para centrarse en el bondage. Yo se lo agradezco. Salvo a cierto tipo de pervertidos, este libro resultará mucho más atractivo si se liman las aristas coprófilas del “divino marqués”.
Ángela Carter no descuida ni por una página la estética. Tiene esa maldad de la que hablo más el mensaje transgresor pero también es escritora y su puesta en escena es puro placer estético.
Otra gran sorpresa que me llevo es descubrir el cuento que dio lugar a una película no menos esteticista que me marcó un poco la infancia: “En compañía de lobos” de Neil Jordan. Desde que un amigo me la grabó en una vieja cinta de VHS y la vi hasta sabérmela de memoria, ya no creo que existan géneros limitados. Era terror y hombres lobos pero también era el cuento de Caperucita en versión adulta y una serie de metáforas sobre lo que los hombres son para las mujeres. Si el hombre es un lobo para el hombre (Hobbes), ni te cuento lo que ha llegado a ser para la mujer (y en mayor o menor medida sigue siendo).   
Desde aquello ha llovido mucho pero ahora entiendo que todo salió de Angela Carter. Es curioso que alguien tan infernal se llame Ángela.
Hay un cuento de dos páginas, “La niña de nieve” que es más bien surrealista y me deja casi sin opinión. Es más bien una sucesión de imágenes que confirman que a veces la autora no quería hacer tanto una poesía como un cuento. Por más que los temas siguen siendo los mismos. Parecen una mezcla de sueño y pesadilla, una mezcla de miedo y placer (me sorprenden algunos de esos personajes suyos que pueden sentir repulsión y orgasmos. Es cierto que las mujeres pueden hacer dos cosas a la vez pero lo que es yo… o lo uno o lo otro). En este minicuento hay una escena con la niña del título totalmente imposible en nuestra época actual. ¡Cuidado almas sensibles y políticamente correctas!
En cuanto a la fiesta y el recochineo a costa del macho es un no parar. Véase en este pasaje cómo se ríe de los machos heroicos que solo lo son por su imbecilidad y no saben entender el peligro. En este caso el tipo es un ciclista que se la está jugando con una condesa de la estirpe de Drácula:

“Y, a pesar de su desazón, no es capaz de tener miedo. Es como el niño del cuento de hadas que no sabe sentir escalofríos y al que ni los espectros ni los demonios ni las fieras ni el propio diablo con todo su séquito pueden asustar. Esa falta de imaginación es la que concede el heroísmo a este héroe”

En fin, un libro que piensas que te leerás en una tarde por el tamaño pero debido a su intensidad te acaba ocupando más tiempo. Hay tanto que comentar que hasta esta entrada se me alarga y ya es hora de acabarla.

Angela Carter fue una periodista y escritora británica que pasó por este mundo entre 1940 y 1992 y no debió de dejar a nadie indiferente. A ver si puedo agenciarme algo más de ella. Aunque me temo que si queréis libro de playa y verano tendréis que buscar otro (y esa época en España ya ha pasado aunque escribí esto a principios de Agosto y me habéis pillado). Este libro no es tan sencillo como eso. Nos pide un leve esfuerzo. Tiene capas de lectura.  

lunes, 3 de octubre de 2016

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles



La última obra de Patricio Pron es una novela. Ni cuento ni ensayo. Una de carácter ambicioso. Repleta de juegos metaliterarios. Escrita con esa elegancia que se le suele atribuir en la mayoría de entrevistas o críticas que vamos leyendo sobre él (claro que este tipo de adjetivos los periodistas se los van pasando de mano en mano para no leer lo que tienen que criticar).
La novela de Pron va de un Congreso de Escritores Fascistas Europeos que iba a celebrarse durante tres días en Abril de 1945 al norte de Italia. Duró uno. Treinta años más tarde algunos de sus asistentes que siguen con vida recuerdan mediante testimonios orales lo que pasó. Algo sobre la muerte de uno de ellos, el escritor Luca Borrello. Se trata de indagar qué le ocurrió. Por qué murió, quién le mató. Quién interroga a estos escritores. Acabaremos con un capítulo ambientado en las revueltas de Milán en el 2014 contra la reforma laboral.
En la estructura de la novela reside parte de su ambición. También en el minucioso trabajo recopilatorio sobre una época mezclado con el juego inventivo (hay alusiones a escritores y personajes reales pero también a otros inventados). Por último destacaría la magnífica idea de comparar la política con la escritura. Creo que es una de sus propuestas más interesantes. Y desde luego propuestas no faltan en esta novela tan lúdica (aunque el que más se divierte parece ser el autor ya que nosotros…)  
El primer capítulo o parte inicia con los personajes y su testimonio oral del 78. Simpático acercamiento a cómo la memoria es algo que cada uno luce a su manera y cómo quita más de lo que aporta. Breve e interesante.
En el segundo capítulo ya vemos al personaje con el que creemos que vamos a estar todo el tiempo. Creemos que va a entrar en faena. Hay una persecución lenta y minuciosa entre frases largas e interminables a lo Thomas Bernhard pero la trama, a diferencia del austriaco, parece ir hacia adelante, sin sus obsesivos círculos. Ocurre algo que produce un misterio y entonces ya llegamos al tercer capítulo que sí, parece centrar y hacer girar casi toda la novela, el testimonio oral de los escritores fascistas que recuerdan la muerte de Borrello.
Y aquí es dónde yo empiezo a tener mis primeros problemas como lector. Desde la página cuarenta y tres hasta la ciento cincuenta y tres los personajes van soltando en pequeños fragmentos sus recuerdos sobre el Congreso y lo sucedido. Y nada más que eso. A pesar de algunas ideas interesantes sobre literatura y política no hay trama.
Me consta que Patricio Pron detesta la idea de hacer una novela con las convenciones al uso. Pero el problema es que detesta tanto la idea que esto ya no parece ni una novela. Se me hace pesadísimo avanzar por un erial de testimonios en los que termina por interesarme un pimiento lo que le haya pasado a Borrello y a todos en general. Un lugar dónde sabes que todas esas voces son individuales porque lo dice Pron y avisa que el que habla es un tal Atilio o un tal Espartaco o un tal el que sea porque todos hablan igual, todos son Pron, a todos se les nota que son Pron porque Pron no les ha dado individualidad alguna. No sé si voluntaria o involuntariamente pero como decía David Pérez Vega en su crítica, sientes que no vas a ningún lugar. Claro que sí acabas yendo.
El cuarto capítulo es más de esto. Hasta la ciento noventa. Casi doscientas páginas sin saber qué estás leyendo o más bien sin importarte demasiado. A pesar de los grandes párrafos que el escritor incluye ocasionalmente y que pueden interesar a los amantes de la literatura que habla sobre la literatura. A pesar de la buena escritura de estilo.
En el capítulo sexto (el quinto sigue a lo suyo) ya tendremos respuestas que no puedo ofrecer aquí pero ya es tarde. Algunos lectores ya le guardamos rencor al escritor por haber estado tan centrado en sí mismo y en su laboratorio de novela vanguardista y rupturista.
Aún así es disfrutable como a rachas. Pero cortas. Después de todo había una trama y bastante interesante.  
En la página doscientos cuarenta y cuatro se acaba la fiesta y vuelven los experimentos exasperantes. Nos explica una caja con la obra de Borrello. Montones de ideas en forma de notas que durante casi treinta páginas nos muestran la imaginación de artista ideal para museos como el Guggenheim que tiene Patricio Pron. Al principio es un juego simpático. Luego vuelve a fatigar. Notas y notas sobre los proyectos de Borrello. Finalmente agotadores leídos así, seguidos.  
En el octavo capítulo aparecemos en el año dos mil catorce y la cosa se recupera algo pero estamos muy fatigados, es mejor ir terminando ya la novela. Aunque no. Aún queda un capítulo más donde Patricio nos muestra un diccionario a pachas entre los personajes inventados y los reales. Ese juego es el más imperdonable. Los diccionarios se consultan pero no están para leerlos como si fueran una novela. Creo que pocos aguantarán esa última gracia. Aunque yo lo hice. Soy así de obsesivo.
Añadid seis páginas de agradecimientos. La novela tiene muchos acreedores y hay que pagar las deudas.
Me suele gustar Pron. Pero no tanto cuando hace novelas. Aunque El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011) sí, bastante. Era menos ambiciosa pero se leía mejor.
El Pron ensayista también es magnífico. Su blog El boomeran(g) sobre literatura es de lo mejor. Y no digo que esta novela esté exenta de méritos. A ratos es como leer algo del mejor Borges. El mismo Pron escribe sobre un personaje que ha escrito un libro que lleva el título real de un ensayo que el mismo Patricio escribió. Hay sutil ironía. Hay un magnífico edificio de guiños al lector. Hay inteligencia. Tal vez por eso he desgranado en capítulos la crítica. Para que se entienda qué es lo que no me ha gustado y tal vez, por qué voy a seguir leyendo lo que vuelva a escribir, por qué sigo sin renegar de un autor cuya última novela me ha dejado este sabor agridulce.
Pero es que al final tengo la impresión de que si un escritor se olvida tanto de sus lectores puede ocurrir que estos le acaben también olvidando a él. Espero que no.

“Pensé que los pilotos de aquellos aviones veían en ese instante lo que había visto y pintado Azari y vivían de hecho en su pintura, sólo que no lo sabían, ni eran conscientes de que lo que antes había sido arte ahora era asesinato”  pág.83

“…que en el último año ha descubierto que los cadáveres son todos iguales, no importa en qué hayan creído sus propietarios antes de morir; por ello, cada muerte es igual a cualquier otra y puede ser, y de hecho es, la suya propia.”  Pág. 237


lunes, 26 de septiembre de 2016

Chicas felizmente casadas




Aunque iba para farmacéutica por condicionantes familiares, Edna O,Brien acabó haciendo lo que más le gustaba y probablemente mejor se le daba, escribir. La novela que nos ocupa es la tercera de una trilogía que daba comienzo en Las chicas de campo (1960) y que continuaba con La chica de ojos verdes (1962). Esta novela es del sesenta y cuatro y cierra este proyecto que tiene la ventaja que consta de partes nada dependientes las unas de las otras, no he echado en falta haber leído los anteriores, desde el primer capítulo he entrado sin dificultad en la historia de estas dos amigas tan distintas, Kate y Baba casadas sin el más mínimo atisbo de felicidad, el título es puro sarcasmo. Los capítulos se alternan entre ambas amigas aunque en algunos aparezcan ambas pero desde el punto de vista de la que escribe. Los capítulos de Kate son narrados en el clásico y habitual estilo directo y los de Baba son un cruel y satírico monólogo interior donde su conciencia no deja títere con cabeza. Los capítulos de Kate entristecen, los de Baba te pueden hacer reír aunque nada ocasionalmente es cruel y algunos-as lectores-as se han quejado de que Baba en las dos primeras novelas no parecía tan terrible y que al darle la escritora luz a sus pensamientos se ha revelado terrible. En cualquier caso funciona. Tiene reflexiones francamente brillantes y complementa muy bien a su amiga, te libera de la congoja de las peripecias de Kate. Nótese el admirable primer párrafo de la novela que te mete en situación desde el principio y te da las claves del resto de la novela con aparente sencillez. Pero la novela no tiene nada de simple.

“Hace poco nos lamentábamos Kate Brady y yo, mientras tomábamos unos tristes gin fizz en un bar del centro de Londres, de que nada nunca iría a mejor en nuestras vidas, de que moriríamos en el mismo estado en que nos encontrábamos: bien alimentadas, casadas, insatisfechas”     

La autora trata temas como el del miedo a la soledad, el de la religión en una sociedad tan católica como la de esa vieja Irlanda sesentera de la que nos habla(aunque ahora viven en Londres, las costumbres del grupo irlandés perviven), la hipocresía, la progresiva liberación de la mujer del patriarcado(por lo que leo, bastante lejana entonces), el tedio de los acomodados, la necesidad o no de la sexualidad, la necesidad o no del amor, el miedo al paso del tiempo… Y mucho más.

“Yo me quedé en la butaca, repasando el año y medio que llevaba en Londres, los hombres que había conocido en ese tiempo y el hartazgo que me producía tener que mantener los tacones y la cara impecables para cuando llegara el Don Perfecto que se suponía tenía que llegar algún día” pág.15    

“¿Cómo podía explicar lo que le provocaba cruzarse con su marido en el rellano de las escaleras de su propio hogar y comprobar que su reacción era mirar para otro lado y toser educadamente como si estuviese ante una persona deforme?” pág.37

Esta trilogía se publicó a lo largo de unos pocos meses del año pasado por Errata Naturae y la edición es muy cuidada. La traducción de Regina López respeta el estilo nítido y directo de la narradora y fluye. Me recuerda la experiencia de lectura que tuve con Banville hace poco, adictiva hasta no poder dejarla. Como entrar en el cerebro del escritor. Pero Edna O,Brien es incluso mejor. A medida que avanza se acelera la historia. Sin prisa pero sin pausa, con un dominio admirable del tempo narrativo.

“Kate siempre había creído que las personas que se habían amado conservaban la huella de dicho amor en su interior, por ínfima que fuese, pero Eugene(su marido) no.” Pág. 140  

Ambas amigas afrontarán una idéntica situación de dos modos distintos. Con una estructura admirable, de un modo tan natural que rehúye el adoctrinamiento, con pequeños detalles narrativos que cuentan más entre líneas y que por su sutileza suman el doble... Edna O,Brien escribe una novela que me obliga a retroceder sobre mis pasos y buscar las anteriores dos partes de su trilogía. Puede que también lo que sigan queriendo publicar de esta señora no sé si feliz o infelizmente casada, a quién le importa, felizmente escritora.  

domingo, 18 de septiembre de 2016

La zona de interés





Es inevitable comenzar a hablar de esta novela hablando de la polémica que la precede. Para eso están las polémicas, digo yo, para dar a conocer a los escritores. Y eso que a este ya le se le conoce tanto que no necesita de este tipo de maniobras. Pero lo cierto es que los editores que habitualmente le publicaban en Francia y Alemania le penalizaron por hacer chistes a costa del Holocausto. Dicen que se ríe de aquella guerra que parece no quedar nunca lo suficientemente lejos para sus mayores implicados. Pocas bromas a los alemanes con ese período. No hay que subestimar nunca la vergüenza de un pueblo.
Pero no, este libro no está haciendo una burla tontorrona al uso. Es absurdo creer que Martin Amis está de parte de un pueblo o del otro o haciendo defensa de unos frente a otros. De hecho, al escritor no se le ve por sus páginas. Como tanto le suele gustar, Amis se transforma en varios personajes, habla en distintos monólogos como el sobrino del jerarca nazi que llega a un campo de exterminio y trabaja en la puesta en marcha de una siniestra fábrica con mano de obra esclava. Se enamora de la esposa de Paul Doll, un nazi ridículo hasta lo exagerado pero a la vez creíble (y el escritor toma la mente de estos dos personajes y los asume tan bien como al primero). Se introduce también en la mente de uno de esos judíos que colaboraba con los verdugos. Y no hay inclinación por unos o por otros. No es una novela maniquea. Creo que no es una novela sobre la barbarie de los alemanes sino sobre lo que puede hacer el ser humano en general. Martin Amis no es tan ingenuo como para dirigirnos hacia un punto de vista, más bien explica la realidad y nosotros ya tomaremos unas u otra conclusión.

“…nadie se conoce a sí mismo. ¿Quién eres? No lo sabes. Y entonces llegas a la Zona de Interés, y ella te dice quién eres.” Pág. 74   

Tampoco creo que sea un libro de humor al uso. Tuve alguna que otra carcajada con su anterior libro “Lionel Asbo” y esa era la intención. Pero aquí es todo más sutil. Creo que los motivos para la polémica son tan escasos que rozan lo sospechoso. El libro no es ofensivo para nadie o lo es para todo el mundo. Y es tremendamente lúcido e inteligente. Con una estructura nada complaciente donde el lector va a tener que moverse entre desorientado y agobiado por esos monólogos a varias voces y por algún que otro flash back que hace que todo sea como un puzle que irá cobrando sentido a medida que se va leyendo. Ese estupor que se puede sentir es ideal. A juego con el de los aturdidos judíos que van saliendo de los vagones como ganado a la rampa, al lugar donde se hace la terrible selección.  Y es muy duro. Y tal vez pierde un poco de interés hacia el final porque la historia de amor que hay en medio a modo de válvula de escape no es tanto de amor como de sexo y no motiva (impresión personal, nada de esto se explicita en la novela). No me importa demasiado saber qué les ocurre a los amantes por más que ese final que no contaré me parece diferente y hasta creíble, no desmerece el buen estado de forma de un escritor que casi nunca ha bajado el listón, ya de por sí alto. Pero que nadie piense que esto es literatura de fácil digestión como sí lo era su pasada aventura literaria. La complejidad estructural y el amor al detalle pequeño pero importante (muy en la línea de su admirado y mi admirado Nabokov) obligan a no bajar la atención bajo pena de extraviarse. A veces no querrías saber todos los detalles.

“La experiencia me dice que morir nunca dura menos de unos sesenta segundos. Incluso cuando te pegan un tiro en la nuca y caes como una marioneta a la que le han cortado los cordeles. La muerte real nunca dura menos de unos sesenta segundos.
Y a mí me da miedo ese minuto de asesinato.”  Pág.199

“Bajo el nacionalsocialismo te mirabas en el espejo y te veías el alma… Todos descubríamos, o revelábamos, impotentes, quiénes éramos.” Pág. 279  


Imprescindibles los agradecimientos y epílogo del final. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Infiel



Hasta ahora no había leído a Joyce Carol Oates, sólo había leído sobre ella. Mucho. Debo decir que seguía casi con más interés lo que se decía de esta prolífica señora de lo que me interesaba leerla. Y es que las portadas llamativas como esta que nos ocupa me producen cierto pudor. Es cierto que a nadie le tiene que importar lo que leo o dejo de leer pero decídselo a mis compañeros de trabajo si entro con este libro en la mano. Nunca me preguntan qué leo porque no les interesa pero estoy seguro que si una portada les llama la atención lo hacen y esta sí, esta es de las que me llevarían a una inquisición difícil para mí, muchas risas a mi costa. No gracias, ellos sí que dan risa. O la damos todos. Lo que ocurre es que cada uno entiende sus chistes.
A mí este “Infiel” me atraía por lo de historias de transgresión. El azúcar me gusta cuando se come pero en la vida no edulcoro mucho ni sobre todo me gusta que me edulcoren. Pero ya había oído que esta escritora no esquivaba la mirada ante nada.
También que escribe tanto que hasta sus seguidores le dicen que corrija más. Mal.
Que este libro era muy duro. Por mí bien.
Que algunos libros le salían geniales y otros reguleros. Mal.
Que casi le dan el nobel pero se lo llevó Alice Munro. Bien porque aspirar al nobel ya es más de lo que muchos-as querrían. 
Que… Da igual. Me puse con el libro que es de cuentos, tiene unas 540 páginas de lectura sin intermedios separadores en blanco (pero un cuerpo de letra generoso como el libro, tirando a tochete) y está dividido en tres partes.
En la primera hay más sugerencia de violencia que transgresión. Si la tía toquetea los genitales del niño no lo vemos, nos lo cuentan a toro pasado y luego ya nosotros imaginamos. Nada que objetar. Ser sutil es una buena opción. Y la escritora en los primeros cuentos mantiene un nivel muy alto. Los suegros que llaman para decirle al yerno que se van a suicidar abren con el primero de los veintiún disparos contra la gente que vive en Disneylandia. Ni dramatiza, ni quita ni pone. En un breve espacio nos cuenta sin adornos lo que nos tiene que contar. El siguiente cuento ya es más largo y es como esa idea que tiene Joyce Carol de lo que son estos cuentos, novelas en miniatura que quieren abordar la vida de una persona. En “Fea” una chica se define así para que el sufrimiento no la alcance (eso dice la contraportada, yo creo que la chica sufre bastante). Algunos párrafos son tan dañinos como el masoquismo:

“El también era feo. Un feo raro. Pero la fealdad en un hombre no importa demasiado. La fealdad en una mujer se convierte en su vida”

Solo con eso ya podríamos hablar horas. Y muy acaloradamente. Y encima lo escribe de pasada, como el que no quiere la cosa. Sin un estilo recargado. Si tuviera que objetarle algo es que esta prosa tan desnuda y como para todos los públicos me gustaría con más matices pero es más redactado que escritura literaria salvo por el ritmo que sí, esconde la buena escritora que es (tengo que leer alguna novela suya más para tener una buena visión de conjunto, creo que no le he pillado el estilo o su estilo es disimular el estilo). Y que pode un poco. No los cuentos. Pero una antología con las mejores historias de este libro hubiese sido casi maestra. Y eso teniendo en cuenta que sus peores cuentos nunca llegan a mediocres. Pero después de “Fea” empiezo a ir decayendo en algunos, subo en otros, llega la segunda parte que trata sobre niñas que cambian a mujer en un mundo de hombres(los hombres en el universo de este libro son un tema curioso, se definen por su crueldad o por su sexualidad pero también por los olores de sus alientos, casi siempre apestosos a whiskey, podredumbre, tabaco… depende, está claro que las mujeres tienen mejor el olfato que nosotros). El exceso de páginas también lleva a usar el único amago de metáfora que le he visto (arrugas verticales como marcas de cuchillas o algo así) dos veces. O a que el tema de las armas y su peligrosidad salga un poco más de la cuenta y se subraye en exceso. Pero lo cierto es que no puedo acusarla de repetirse excesivamente. Hay temáticas para todos los gustos. Violencia de género, asesinos, mujeres vengativas y también un poco asesinas (no la veo tan feminista como la definen, creo que le repartes leches a propias y extraños, los hombres salimos mal parados pero algunas de sus mujeres no son precisamente ejemplares). La vampiresa, relato que encontramos en la tercera parte donde ya sí, todo es más morboso y gráfico y basto (pistolas, sangre, cuchilladas, violaciones homosexuales), es un ejemplo de personaje femenino que da grima si bien es cierto que se juega con el estado mental del personaje principal. Gran relato en cualquier caso, es la novela en miniatura que se prometía. Y cierra el libro con “COPLAND” que es de lo mas bizarro de la compilación, casi surrealista y extraño y muy, muy salvaje. Creo que la última parte es para dejar epatados a los lectores de libros comerciales que es a los que va dedicada la portada y tal vez la intención del que nos lo quiere vender.
Así son los libros de cuentos, con sus grandezas y miserias pero en líneas generales bien. Como escribí antes, no me ha dejado sin ganas de intentarlo de nuevo con ella.

“La soledad es como el apetito: no te das cuenta de lo hambriento que estás hasta que empiezas a comer”

“¿Es eso lo que quieres oír, lo que quieres que te diga tu madre? ¿Que me casé con tu padre porque era un hombre débil, un hombre por el que yo no podía sentir gran cosa, que cuando llegara el momento no me lastimaría?”


P.D. No apto para los-as enamorados-as de los finalices felices. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Expo 58



Jonathan Coe es eso de si “no te gustan los ingleses toma dos tazas”. Si recientemente he reseñado mucho british, este último es casi, casi el emblema de cómo ser inglés y parecerlo todo el tiempo. Lo siento, me pierden. Escritores o escritoras. Voy a tener que desempolvarme y darme una vuelta por, no sé, Sudamérica, que últimamente la tengo abandonada y hay cosas muy bien escritas por allí. Aunque leí a Vargas Llosa hace nada. O Japón. Y no solo Murakami, claro.
Pero aquí estamos en Bélgica. Aunque nos la narre un inglés. Esta novela le surgió al escritor como parte de un proyecto como escritor invitado en la Villa Hellebosch en Flandes. Imagino que los flamencos, como los catalanes, promueven su pequeño país dentro del país generando todo tipo de propuestas. Aunque la novela de Coe trata sobre la Expo 58, una exposición universal que se hizo en Bélgica. Esto significa que no se habla del lado flamenco de Bélgica sino de Bélgica en general.
Thomas Foley, un funcionario casado y con una hija tiene que viajar a la Expo de Bruselas. Allí conoce a Anneke, una azafata flamenca (única verdadera alusión a este lado del país) con la que tonteará (y habrá más giros de trama que no pienso contar). Este hombre viene aburrido de Londres como sí, Reginald Perry, pero digan lo que digan, esta historia es menos cómica de lo que parece. Hay humor inglés pero hay una historia creíble y bien documentada sobre aquel año en aquel lugar dónde el mundo se estaba volviendo cosmopolita y dejábamos atrás la separación y el estancamiento entre países. El protagonista acaba enredado en una trama de espías muy interesante. Pero interesantes son los enredos sentimentales que tiene. Hay un capítulo delicioso en el que se cartea con su mujer y vemos a través de las epístolas que todo lo que no se cuentan es como mil veces más interesante que lo que sí. Ese capítulo está lleno de brillantes sobrentendidos y “entre líneas” que para mí suponen lo más humorístico e irónico del libro. Un momento memorable. O cómo un matrimonio inglés se puede enfadar sin soltar un solo taco y escribiéndose de la forma más educada posible. La novela sería buena solo por estas pocas páginas epistolares.
El autor usa algunos recursos del humor pero también está la vieja obra de ingeniería inglesa a lo McEwan. Sin prisa (la trama arranca a mitad del libro) pero sin pausa va construyendo la historia. Es un manual de cómo hacer una novela en esa tradición Chejoviana que indica que si alguien pone un clavo, ese clavo tiene que significar algo para el argumento. Aquí el precepto se sigue hasta el delirio. No hay detalles banales. Si prestas atención, todo ocurre por algo, no puedes descuidar ni lo que comen los protagonistas porque esto puede cobrar relevancia inusitada avanzada la historia. El único “pero” a este estilo tan calculado que huye de la improvisación es que todo simule la forma de una maquina. Perfecta, eso sí, pero una máquina. Que le veas las costuras al invento. Pero da igual. Los giros en la historia son tan inesperados y originales(a la vez que coherentes) que al final te rindes a ese excesivo control de Coe sobre sus personajes o su historia. Tú te montas y él te lleva.  
Nunca he leído nada malo de este autor. Le conocí por la brillante “La lluvia antes de caer”, una novela dónde aparcaba el humor inglés y hacía algo más dramático pero era una historia maravillosa con espectacular construcción de la psicología de un personaje. Allí, por cierto, hacia un cameo Thomas Foley, el personaje de esta “Expo 58”.
“La casa del sueño” me enseñó lo que es una historia verdaderamente original. Con “La espantosa intimidad de Maxwell Sim” regresó la diversión y también aplaudí hasta con las orejas. 

Así que aquí seguimos.  

lunes, 29 de agosto de 2016

Un juego para los vivos



Un juego para los vivos es el eje de la novela, sin duda. Tal y como lo define Patricia Highsmith. Porque los muertos ya no tienen nada que rascar en esta o en cualquier otra historia nuestra. Porque en una historia como por ejemplo esta, sucede un crimen y el muerto es el detonante de un nuevo juego, el de la investigación que provoca. Y todo lo que la rodea se parece precisamente a eso: preguntas, respuestas, búsquedas, estrategias, trampas… hasta llegar a la casilla de llegada que puede ser la resolución o no del misterio. Y así es como se planteó esta escritora prácticamente todo lo que escribió (y escribió mucho).
La descubrí hace años gracias a una película con Matt Damon y Jude Law “El talento de Mr. Ripley”. Esta hizo que leyera las cinco novelas sobre el personaje y luego ya lo que me fue cayendo en las manos, casi siempre de Anagrama, los que más apostaron por ella y puede que sigan haciéndolo, juraría que he visto reediciones con otros diseños de la escritora más incombustible de su cantera junto a tal vez, Nabokov.
Este libro estaba ya ajado y seguramente descatalogado. Apareció distraído en un anaquel de mi biblioteca más cercana y aunque dudé sí lo tenía o lo había leído, lo cogí. Pensaba que ya había completado la lectura completa de esta autora pero no, esta novela era una nueva sorpresa suya. Con copyrigt del 56. Todavía no se podría considerar obra de madurez pero ya tiene todo lo que tienen sus historias. Reseño esta como podría  reseñar todo Ripley o sus cuentos de crímenes o “El grito de la lechuza”. Casi siempre son dos hombres que por circunstancias ajenas a ellos acaban manteniendo una extraña y ambigua relación (nunca evidentemente sexual pero a pesar de todo, el sexo no queda excluido). No son relatos homosexuales pero tienden a ser homófilos, un tipo que siente admiración por otro y un crimen de fondo, los juegos que se establecen entre ellos, análisis psicológicos paralelos a las investigaciones policiales. Quitando las dos o tres novelas pseudobiográficas donde conocemos a la Highsmith mujer que quería ser un hombre según su última biógrafa, todo lo demás nos demuestra que también quería ser una asesina y que deseaba matar a otras personas y que evitaba hacerlo gracias a la escritura (otro punto apasionante de su biografía, de nuevo encontramos que la escritura es incluso más leve que la vida que hay detrás). Los cambios de personalidad y las transformaciones también son patrones que comparte esta obra con todas las demás.
Por eso esta novela tal vez no sea fácil de encontrar pero sí el resto y va ser lo mismo. Siempre lo mismo aunque no sé cómo, siempre diferente.
Aquí tenemos el cadáver del principio, la amante de dos individuos que son los principales sospechosos. El que la encuentra escapa enseguida de esas sospechas pero el otro no solo queda bajo custodia policial sino que se empeña en autoinculparse por más que la policía le dice que es inocente, que las evidencias señalan hacia otro lado. Entre estos dos individuos se establece esa relación homófila de la que hablaba. El primero intenta ayudar al segundo y tratar de evitar que acabe mal, le cae simpático aunque no se diga claramente en ningún lugar por qué. Todo esto con México y sus gentes de esa época de fondo. Con escasa acción o casi nula. Todo reducido a ese juego que tan bien titula este libro y podría titular el resto de los de la Highsmith. Si buscas emociones y acción y un prodigio de sucesos olvídate. Lo que hizo esta señora fue renovar el género negro, saltarse los patrones e imponer el suyo. Es género negro pero también subgénero Patricia Highsmith. Un mundo aparte, con sus reglas. No para todos los paladares pero sí para muchos, conoció el éxito y lo sigue conociendo. Y el cine, desde que Hithcock filmara su “Extraños en un tren”, le debe haber servido de ayuda. Que en paz descanse. Pero su obra no, esta sigue dando mucho de sí y haciendo trabajar a las imprentas.