lunes, 25 de julio de 2016

La guitarra azul



Regresa John Banville después de pasarse unos años como escritor de novela negra llamado Benjamin Black. Como todo cansa, habrá decidido volver a ser el que era aunque realmente nunca haya dejado de ser nada. Para mí, por mucho que los escritores se cambien de nombre, el estilo les delata.  Y no es que este irlandés se haya escondido de nadie. La editorial es la primera que te cuenta su vida en la solapa y sus desdoblamientos de personalidad.  
Pero aquí regresa con ganas de hacer bueno lo que citó en alguna entrevista sobre eso de que existen el verso y la prosa y que la poesía puede estar en ambos. Él quiere que en su prosa exista poesía y ocasionalmente lo consigue. En este libro que nos ocupa no es tanto un asunto de metáforas o lenguaje como de melodía. Porque coges el libro y te deslizas por él casi sin darte cuenta. Pasas páginas, lo corres y lo recorres y sientes que cada frase lleva inexorablemente a la siguiente y es como una cuesta muy inclinada y hacia abajo que te empuja a correr. Pero no entendamos hacia abajo como una degeneración del proyecto o en sentido negativo. Entendámoslo aquí como un fluir. Eso es. Si Banville fuera rapero diría que este libro tiene flow, que fluyen sus palabras y te hacen fluir con ellas. Aparentemente sencillo y sin complicaciones, ni siquiera el tema de cuernos y ladrones es original o complejo en su estructura, es una excusa para que el escritor pueda hacer un ensayo sobre sus preocupaciones. Y tal vez ahí se le vaya la mano. Es mi única objeción. Me gusta cuando escribe sobre lo que se le ocurre y reflexiona así, en plan general,  sobre la vida. No me gusta tanto cuando Oliver, el personaje principal, retrocede y me cuenta su niñez y su pasado. Y no es que no sea necesario o no esté bien descrito. Es sólo que quiero saber qué es lo que va ocurrir con ese último robo que ha realizado en su cleptomanía el personaje principal. Quiero saber en qué queda lo de robarle a su amigo su mujer (por más que deberíamos pensar que su mujer se pertenece a sí misma, el amor siempre habla de posesión aquí y posesión allá). Pero no nos preocupemos por la digresión. Este escritor es muy controlador con su obra. Estilo chejoviano. Si escribes sobre un alguien que amartilla un clavo ese clavo tiene que estar ahí por algo. Todo confluye hacia el final. No se escribe para dejar clavos sueltos, hay muy poco de casual en su literatura. Este es de los que quieren mantener control absoluto sobre su narración y hacernos creer que lo tiene todo pensado. Y además también tiene algún que otro giro que no esperas. Por más que no es esta una novela en la que haya una acción vertiginosa. La anécdota es minimalista. No hay más aventura que lo que ocurre en la mente de este pintor con tendencia a llevarse todo lo que no es suyo. Pero está muy bien expresado.
Por más que algunos periodistas que se citan en la solapa se emocionen más de la cuenta. “…se seguirá leyendo mucho después de que todas esas novelas cacareadas a bombo y platillo hayan acabado en la papelera de la historia de la literatura”.  Este debe ser muy amigo suyo. Tampoco es para tanto. Aunque merece la pena. Banville decepciona poco si ya le conoces.

“Siempre he pensado que uno de los aspectos más deplorables de la muerte, aparte del terror, el sufrimiento y las heces, es el hecho de que cuando yo no esté, nadie contemplará el mundo desde mi perspectiva. No me malinterpretéis, no me hago falsas ilusiones sobre mi importancia en el intrincado esquema de las cosas. Vendrán otros con otras visiones del mundo, incontables billones, una mezcolanza de mundos, cada visión inseparable de cada individuo, pero la que yo habré creado, por el mero hecho de mi breve paso por él, se perderá para siempre”               

lunes, 18 de julio de 2016

La isla de la infancia. Mi lucha 3



En una entrevista al cómico Berto Romero le preguntan qué estaría dispuesto a hacer por reír y responde que bajarse los pantalones y enseñarle los huevos al entrevistador.
Sin salir de la comedia, Raúl Cimas dice que se humilla como haga falta para hacernos reír en un cortometraje donde le vemos de perfil, a cuatro patas sobre una cama, como si estuviera siendo sodomizado por él mismo y le doliera y le gustase a la vez(un corto muy bizarro dónde hace el amor consigo mismo).
Ahora barriendo para mi casa debo decir que en mi otro blog, el personal, conseguí grandes épocas de visitas cuando iba más lejos en la confesión, cuando me dejaba la vergüenza en algún otro lugar que no fuera el ordenador y explicaba lo que fuera, sin importarme que hubiera amigos no virtuales y de los que te saludan o te llaman por teléfono cuando leen algo que se sale de lo normal y hasta te preguntan por el asunto del que has escrito. Y esa desvergüenza, al mirar las estadísticas, era comercial. No es que sacase nada pero se me visitaba más de lo normal. El cotilleo vende.
Todo lo dicho es porque me pregunto si Karl Ove Knausgard hubiese llegado tan lejos en su carrera literaria si las dos primeras partes de su sextalogía “Mi lucha” no le hubieran montado un escándalo, le hubieran denunciado y toda esa polémica le hubiera rebotado en forma de éxito abrumador. Todavía me lo pregunto. No sé si es un gran escritor. Su prosa es plana. Las dos primeras partes de la autobiografía o confesión tienen graves fallos de ritmo. Ya comenté por aquí el anterior libro y a ratos me aburría y a ratos me interesaba. Por más que al autor no me acababa de caer muy bien. Y sigue sin hacerlo. Pero aún así admito que gran parte del éxito es algo tan básico como lo que llevo contando aquí, el no tener frenos ni sonrojo alguno a la hora de abrirse al lector. Lo tachan de generoso. Sí, mucho. Con su vida y con la de los demás. Pero en esta tercera parte regresa a su infancia y no creo que nadie le denunciase por eso. En esta tercera lucha mejor escrita a mi parecer que las anteriores y mucho más estructurada, las partes son más armónicas, no hay esos cambios de ritmo tan exasperantes, la historia mantiene su cadencia y ha conseguido interesarme, retrotraerme a mi propia infancia, tan distinta, tan mediterránea y tan poco nórdica pero en fin, los niños son un país aparte, ya lo decía el poeta con sus propias palabras.
Knausgard nos narra su infancia desde que nace hasta los trece años aproximadamente. Y de paso la relación con su severo padre, un progenitor prototipo de los de antes, más temible que digno de amor. Y también asistimos a las aventuras del niño más llorica de la historia de la literatura. No menos de cien irritantes llantos. El autor lloraba porque unas niñas le quitaban los caramelos, porque su padre le gritaba, porque no leían su redacción en el colegio, porque no podía visitar a sus abuelos, porque… la lista es inagotable pero agotadora. De ahí que el tipo me siga resultado repulsivo incluso de niño. Pero a la vez me fascina. Porque no deja indiferente. Porque se desnuda con tanto detalle que pocas veces se ha visto algo así. Por más que dudemos que pueda recordar tanto y tan detallado sobre su vida. Es obvio que inventará dramatizaciones de su historia pero son tan creíbles que casi crees que su pasado está filmado y ahora lo reproduce. ¿Cómo recuerda tantos nombres y apellidos de compañeros de clase de cuando tenía siete años?  ¿Lo ha investigado? Esta es una de las muchas dudas que me suscita porque juraría haberle leído en una entrevista que lo hacía todo de memoria. Claro que teniendo en cuenta la catadura del individuo puede ser otra de sus mentiras(a su padre le miente por estupideces en el libro y le acaban calentando, siempre con la misma tortura, retorcerle la oreja al máximo de sus posibilidades, tal vez el autor lleve ahora el pelo largo para ocultar alguna deformidad del pabellón auditivo).
Este era el libro que menos me interesaba en principio pero ya me había hecho al personaje y quería saber hacia dónde iba. Pensaba que aquí no habría carnaza y de hecho no la hay en tan alto grado como en “Un hombre enamorado” pero aún así me ha entretenido, ya me ha convencido definitivamente de que terminaré de leer su vida tan común, tan diferente, tan expuesta. Esta nueva literatura del cotilleo nos enseña la cantidad de miedo y miseria que hay en la vida de todos. Y tal vez reconforte ese mal de muchos. Es la base del cotilla, sentirse mejor viendo que otros están peor o lo son. Ah, sí, he dicho miedo. El miedo que no nos falte. Cada uno lo tiene por algo. Y Knausgard es un catálogo de terrores infantiles. Le acojonan hasta las tuberías cuando hacen ruido.
Yo hubiese sido un padre más severo que el suyo porque el niño es repelente como pocos (ver su comportamiento en clase). Pero el escritor me interesa ya que el niño o el hombre no tanto. No sé si podría llamarlo placer culpable. Creo que esta literatura habla sobre algo más profundo que lo que vemos y nos enseña un buen espejo de algo indefinible pero disfrutable. Finalmente me ha convencido. Le ha costado unas mil setecientas páginas pero más vale tarde que nunca.      


domingo, 3 de julio de 2016

Voces de Chernóbil



Con el premio Nobel siempre me ocurría lo mismo. Estaban los premiados que me hacían gruñir de descontento porque no los conocía y parecían premiados para satisfacer a tal o cual país (una especie de premio de cuota de esos que no me acaban de gustar). Luego estaban los que si conocía y solían gustarme.
Ahora tengo que incluir una nueva etiqueta. La de los premiados que desconocía y me hicieron torcer el gesto pero luego, al leerlos, me han parecido maravillosos y muchas gracias papá Nobel por descubrirme a este escritor o a esta escritora que no sabía que necesitaba tanto.
Svetlana Alexievich, en este libro que es por encima de todo un inmenso monumento periodístico, me sorprende de variadas formas. Consigue aterrorizarme con los cuarenta monólogos que selecciona de este evento, me impresiona favorablemente con su propia visión personal de los hechos y su lectura inteligente del asunto, me enseña a ver la realidad de otra forma, me admira por su valentía.
He leído bastante literatura periodística o ensayos. Gente como Gay Talese o Tom Wolfe y sí, vale, son estupendos, no voy a olvidarlos. Pero Svetlana me ha llegado mucho más que cualquiera de ellos. Tal vez porque me ha pillado con la guardia baja. O tal vez porque el tema que trata es tan sorprendente y está llevado con tanta maestría que no hay más camino que aplaudir y basta.
He leído en algunos blogs que les impresiona este o aquel monólogo. Yo creo que todos cuentan. Pero a cada persona le llegará más uno que otro.
A mí me impresiona el de la chica que viene de las guerras de disolución de la URSS y le tocó ser rusa en el lado equivocado de la frontera. De esa escena de hospital dónde unos soldados cogen al recién nacido de una parturienta, con cinco minutos de vida, le preguntan a ella si es del pueblo equivocado o no y al ver que nadie responde lo tiran por la ventana como si ya recién nacido fuera un enemigo a batir. Son sólo unas líneas pero de esas que si creyera en Dios dejaría de hacerlo. Y luego ves por dónde va este testimonio. Ella, la chica de esta historia de guerra con infanticidio vive ahora en Bielorrusia dónde la desgracia de Chernobil, expuesta al veneno de la radiación pero claro… Ella ha visto el mal que hacen los hombres. Aunque sabe  que la radiación mata, esta no se ve así que prefiere estar en zona contaminada. No deja de hablar y contar sobre la maldad humana para que entendamos por qué prefiere el riesgo radiactivo. Y yo la entiendo. Los hombres son más radiactivos, su maldad más evidente, menos comprensible, más impactante.
También están los testimonios del ejército al que más obligaron que enviaron, de la gente que no se quería ir de sus casas, de las historias de amor con final dramático o peor, de… Bueno, el libro es excelente pero no está precisamente diseñado para dejar buen cuerpo. A mí no me abandona una vez leído. Lo llevo encima como un trauma. Entiendo que no todo el mundo quiera entrar a pesar de lo bien construido que está. No cualquiera lo hubiera orquestado de una manera tan inteligente. Y más en un país enorme y frío dónde el poder está por acallar a la gente y no dejar que el resto del mundo sepa de ellos y de sus  miserias. Pero Svetlana hizo este ejercicio de verdad y coherencia y dejó hablar a los protagonistas de una catástrofe que en 1986 tuvo alcance global (su nube radiactiva se paseó por todo el planeta). A todos los representativos. De manera exhaustiva. Sin cortes. Sin deseos de ponerle azúcar a la realidad. Svetlana tiene premio de literatura sin ser escritora vale, pero recuerdo a Obama que lo fue de la paz sin haber hecho nada a favor de las palomas o las banderas blancas. Svetlana tiene un premio que igualmente se merece y que además debe ser su amuleto contra los juicios, me alegro por ella, parece más un premio al valor, un escudo internacional contra sus enemigos (esperemos).  

Un gran libro. Un libro horrible. Un libro que había que escribir.   

lunes, 27 de junio de 2016

Pureza





Esta vez solo le ha costado unos cinco años escribir este libro. Teniendo en cuenta que sus novelas se cuecen a fuego lento y durante una década me esperaba lo peor. Pero no. Simplemente estaba más inspirado. O con más ganas. Porque esta novela es tan buena como la anterior o mejor. Sí, así, de manera subjetiva y muy en general, pero que al menos quede claro que a algunos les levanta pasiones. Franzen no escribe al gusto de todo el mundo aunque este es de los que pagan peaje por tener demasiado éxito e intuyo que se les mira con más severidad que a los que acaban de llegar. 
Esto es alta literatura pero también literatura para todos los públicos y comercial. Es difícil vivir en ambos mundos pero en "Pureza" se demuestra. No hay forma. Y yo amo la forma. Pero aquí la narrativa es pura como el título, libre de metáforas o grandes hallazgos lingüísticos. Adoro esos libros de forma así que admito que en su primera parte ya me temía que esto podía ir hacia abajo y que del mismo modo que "Libertad" me parecía algo inferior a "Las correcciones" (aunque finalmente interesante), "Pureza" bajaría todavía más. Pero no.
Franzen sigue escribiendo varias novelas en una. Sus personajes, incluso con esa prosa desnuda que solo quiere narrar sin artificio alguno, son interesantes y profundos y te demuestran que se puede escribir plano y aún así se puede escribir diferente (ya lo sabíamos pero por si acaso).
Como un obsesivo McEwan, coge su objeto de estudio y pone la lupa sobre él, luego el microscopio, lo amplia, se va en dirección a su pasado para entenderlo mejor, lo relaciona con los otros personajes. A diferencia de Ewan admito que Franzen construye personajes más creíbles a nivel psicológico, más perfectos. McEwan es obsesivo pero con los temas. Franzen con las psicologías de sus personajes. Apura hasta su última neurona de criatura ficticia y nos las enseña desnudas, con el cableado al aire.
Aunque eso sí, el libro se titula "Pureza" como se pudo titular "bocadillo de atún". Hay una chica que quiere ser personaje principal y lo abre y lo cierra y se llama así, Purity (o diminutivo en Pip) y se supone que el resto gira alrededor de ella pero yo creo que hay personajes que la acaban desplazando un poco o están a su nivel de relevancia. Cuando lees sus setecientas páginas te encuentras partes en las que cada uno te cuenta su vida. Hay otros personajes como la madre de Purity que son explicados a partir del punto de vista de su hija o de su amante pero parecen tan reales como los que escriben o hablan o piensan en tercera persona. Y así tenemos algunos viajes al pasado del personaje principal (aunque ya he dicho que entiendo varios personajes principales), tenemos regresos al presente, cambiamos de capítulo o parte y otro personaje aparece y nos cuenta la suya o el que ya nos la había contado nos cuenta su presente.  Todo con parsimonia, con tantos detalles que más de uno se bajará de este coche y dirá exasperado que no tiene tiempo para tanto pero si llegas al final y ves lo que te han contado y cómo encaja con tanta naturalidad... entonces tal vez te sientas tan agradecido al escritor como yo. Se escuchan voces por ahí que le quieren quitar páginas. Son respetables. Pero entre tanto personaje y viajes temporales una redundancia o un subrayado de más tampoco son pecado grave, tal vez le recuerdan al lector algo que puede haber olvidado con tanto trajín. En cualquier caso el orden y la estructura rozan lo perfecto. Este no parece escritor de "a lo que salga". Al menos desde fuera da la sensación de que todo está muy controlado y meditado.
Finalmente decir que me ha vuelto a resultar casi inhumana su capacidad para describir el cerebro o el comportamiento de ciertas personas. Qué método seguirá para construir esos personajes. A veces tengo la sensación que son cierta gente que yo mismo he conocido en mi vida (cierta gente no muy sana mentalmente, eso sí). Pero imagino a Franzen dándole vueltas y vueltas a cada página, por sencillo que nos resulte leerlas. Y ocasionalmente tenemos párrafos sorprendentes con pensamientos ciertamente interesantes por si el interés decaía y ya no te interesaba lo que estaba contando sobre aquel activista alemán a lo Assange, o esa niña que busca a su padre, o su madre que se lo quiere ocultar todo, o la periodista que asciende como puede o le dejan en un mundo de hombres, o el escritor fracasado, o el periodista que busca la verdad de la prensa pero también oculta lo suyo o... Da igual. Contar demasiado un argumento es como hacer un tráiler de esos dónde ya está narrada casi toda la película. Mejor leer el libro y dejarse de historias
resumidas. 

Próximamente una serie de televisión con Daniel Craig de protagonista que ya no quiere a James Bond ni por ochenta millones de dólares y participación en sus beneficios.  Él es “pureza” de artista y quiere interpretar un personaje de este impresionante nuevo libro de Franzen. 

lunes, 20 de junio de 2016

Cicatriz



Para los que nos movemos más por Internet que por el pasillo de casa, este libro ya tiene sobrados atractivos. Sólo la sinopsis ya es un reclamo para interesarse. Se trata una vez más de una extraña relación entre dos personas que se conocen en un chat literario. Él es como rarito. Ella en principio es más normal pero como a todos-as le puede la curiosidad de ese tipo que le envía regalos en forma de libros o CD,s que va robando en El Corte Inglés o la Fnac.

“No sé. En parte, supongo, por no defraudarlo, por no hacerle daño. Lo veía tan ilusionado mandándomelos… Cómo iba a rechazárselos. Hubiese sido cruel. Y otro motivo es… Se detiene unos instantes. La vanidad. Es tentador sentirse el centro de atención de alguien hasta ese extremo. Imagina que un tipo te regala todo eso sin que tú se lo pidas. Sin exigirte nada a cambio. Porque sí. Simplemente porque quiere halagarte. Porque se lo aceptas. Eso es: simplemente porque estás ahí para recibirlo”
Y claro, entramos en esa historia con apenas dos personajes de verdadero peso y se te va pasando la mañana de Domingo sin nada que hacer (de momento) pasando páginas a buen ritmo. Porque me hipnotiza el ritmo sin prisa pero tampoco moroso de la autora. Ese tipo me desagrada y quiero saber al igual que la protagonista, qué narices quiere o a dónde nos lleva. Y ocasionalmente, también, podemos entenderla en sus dudas.

“Pero en serio, te digo: verlo o no verlo era lo de menos. Una cara, o un cuerpo, ¿qué más da? Me cuesta darle consistencia de persona real. Más bien lo sentía como un personaje; yo misma actuaba como un personaje”   

La ironía es que efectivamente ambos son personajes de una novela, no puede haber más sinceridad en ese párrafo.
Y así va transcurriendo esta novela que te puedes llevar a cualquier lugar. Podría ser una de esas lecturas de verano para cuando el calor no te deja ganas de más. Un entretenimiento agradable pero no exento de calidad. Desde luego, sin tanto exceso formal, supera con mucho el libro de su premiada amiga Marta Sanz (en la misma editorial) a la que cita nada más comenzar la novela. A veces menos es más.
El tipo que se nos describe en esta novela, ya lo he comentado, me parece desagradable y lo suficientemente sospechoso como para dejar de aceptar sus regalitos y cortar rápido la comunicación pero no es tan sencillo. Si la protagonista lo bloquea en la primera página nos quedamos sin novela. Y el hombre también tiene su lado amable e interesante y sabe lo suyo de literatura (gran placer para mí que se hable de literatura en un libro) o consejos tan sencillos como necesarios.

“¿Crees que has luchado con verdadera perseverancia para cambiar las cosas, o simplemente te has dejado llevar y ahora te quejas?”
“¿Sabes lo que decía Proust de la mentira?... La mentira es esencial porque la verdad es incomunicable”
“El cine, entendido como creación artística conlleva demasiados peajes económicos y sociales. El cine es una producción grupal, mientras que la literatura es, por defecto, el fruto espiritual del individuo sin más, enfrentado a solas consigo mismo”  

Algo de razón tiene el pájaro con lo del cine pero como se va volviendo cada vez más raro y ella le va siguiendo el juego, poca redención le veré yo a este hombre. Claro que a mí lo que me gusta es cómo la autora va desplegando la historia sin prisa pero sin pausa y nos lleva hacia un final que para mí, tal vez, pudo ser mejor, pero que no me estropea el libro. Sara Mesa sigue siendo autora de cuentos y esto es novela pero es novela corta o cuento largo (si os parece lo segundo malo porque supone páginas de sobra pero no, yo creo que está todo bastante ajustado a lo que quiere contar, se cuece a la temperatura adecuada y con los tiempos bien ajustados).
Y así acabé el domingo. Entregado a averiguar qué quería el individuo este. O qué esperaba ella de esa relación.  
A diferencia de otros comentarios que he leído yo no creo que la protagonista sea tonta o sus dudas exageradas. Sólo se deja llevar por una situación en la que el misterio y la curiosidad mandan.

“¿Qué sabe Sonia de él? Muy poco, en realidad... ¿Su tono seco, aséptico? ¿Su suficiencia? ¿Esa impresión de desapego, o de que posee claves o conocimientos a los que los demás jamás tendrán acceso? Provocador, pero también educado. Solitario, pero siempre con interés por analizar el comportamiento de los otros.”   

Pues Sonia sabe lo que Sara Mesa quiere que sepamos. Las cartas se van enseñando pero sin prisa que si no, no tiene gracia.
Y por si sois de los que una narración sin pretensiones no es cosa de adultos, la contraportada nos resume muy bien las intenciones. Seguro que lo ha escrito la autora que para algo sabe el plato que nos ha conocido y por qué lo ha hecho:

“…no solo es una inquietante historia de amor descompensado… es también una reflexión sobre la sociedad de consumo y los robos a gran escala en grandes almacenes, la sumisión y el poder, la anulación del deseo y la carnalidad, el refugio de la infancia, la fantasía como alternativa, la culpa y la expiación, la escritura y la vocación literaria”.  

Sí, es sobre todo eso con desigual resultado. No hay espacio para profundizar en todos los temas pero muchos quedan para el debate si sois de esos.

Ya tenemos el primer libro recomendable de verano pero no os fiéis de mí. A la que os descuidéis os reseño otro ladrillo "gafapastero" (o un clásico, que a esos también les pego). 

viernes, 10 de junio de 2016

Cinco esquinas



Vargas Llosa ha vuelto a escribir libro y es uno de los pocos escritores que podemos considerar mediáticos sin ser exactamente televisivos (aunque últimamente esté viviendo una cuarta o quinta juventud o decimoctava con alguien muy mediática). A la que hay libro suyo en la calle, los periódicos en su sección cultural y las revistas literarias y hasta los programas de televisión nos avisan cada día, no se nos vaya a olvidar.
Yo le llevo leyendo casi veinte años. Desde que marcó mi experiencia como lector con “La tía Julia y el escribidor”. Un libro que sumaba las estructuras faulknerianas sofisticadas al sentido del humor, a la construcción inteligente de personajes entrañables… Era la modernidad literaria en Sudamérica. Yo lo leí tarde pero seguía siendo un libro nuevo, no envejecía. Estoy seguro de que si lo releyera sería igual de bueno. O su “Elogio de la madrastra”. Un poco menos su segunda parte “Los cuadernos de Don Rigoberto” pero también. Y luego también me gustaron “La fiesta del chivo”(política dictatorial y heavy), “Las travesuras de la niña mala”(travesuras de escritor calentorro pero divertido sin más), “La guerra del fin del mundo”(ambicioso y bien llevado), “Conversación en la catedral” (obra maestra de estructura a la que tengo que dar una nueva oportunidad porque leí con prisa y mal), “El hablador”(bueno) “Como pez en el agua”(autobiografía de su periodo como candidato presidencial de lo más reveladora, maravilloso libro), sus ensayos literarios (inspiradores), sus obras de teatro (menores), sus cuentos (pichí, pichí pero bueno, más o menos), “Pantaleón y las visitadoras” (como la tía Julia, entrañable, bueno y divertido), “Lituma en los Andes” (un premio planeta que no fue lo mejor de su obra pero interesante como novela negra, mejor de lo que suele dar ese género), “El paraíso en la otra esquina” (quise ser Gauguin aunque luego en la realidad no sé si hubiese podido), “Quién mató a Palomino Molero” (no me acuerdo así que…), “Historia de Mayta” (no le pillé la gracia, creo que hablaba de cuando él era rojillo peruano y por mí vale pero creo que me aburrí, otro a revisitar), artículos periodísticos (me encanta el género periodístico así que no digo más) y luego… le dieron el premio nobel con “El sueño del celta”. Creo que le pasó como a Dicaprio. Que había que dárselo porque se lo debían y no se lo dieron por lo mejor de su obra. Es el primer libro suyo que parece de otro. Narrativa plana sin imaginería lingüística marca de la casa. Sin casi nada. Si no sabes lo que Bélgica le hizo al Congo te entretendrá pero yo ya llevaba la literatura al respecto de Sebald o de Conrad.  Para mí, este libro sin forma ya estaba de más. Lástima.
Es por eso que llegué a su penúltimo libro, “El héroe discreto”, sin esperar mucho. Pero me lo pasé bien. Tampoco era su estilo pero era divertido. Un libro sin pretensión alguna. Ganas de divertirse de manera comercial pero con un algo de calidad. Como “Travesuras de la niña mala” pero más light. Y aquí empezó mi conspiranoia. Vaya por delante que yo me río mucho a cuenta de los conspiranoicos pero a mí este libro me parecía escrito por Jaime Bayly, su compatriota más dicharachero. Bayly hace literatura con acento peruanísimo y dejes locales de lo más simpáticos, cargado de sexualidad equívoca, de humor, de ganas de epatar. A mí me divierte, he ido a que me firme algunos libros por Sant Jordi. Es un tipo ingenioso y polémico.
Aunque creo que ya no se lleva bien con Vargas Llosa. Este odia a Fujimori. Bayly defiende a su hija como presidenciable futura del Perú. ¿Entonces? Pues no sé porque tanto el libro mencionado del héroe y este que nos ocupa (y del que debería escribir algo y llevo una entrada larguísima sin mencionarlo todavía), parecen escritos por Jaime y no por Mario. Pero vamos, que a veces los maestros aprenden tanto de sus discípulos que acaban imitándoles. Son maestros que copian a discípulos que en su día les copiaron a ellos. Feedback artístico.
Y este último libro parece más Bayly que Llosa por el modo en que trata el lenguaje. Ya no hay imaginería ni hallazgos formales. Se usan las palabras de manera funcional para hacer reír. Todo su ejercicio de estilo ha desaparecido. Se mueve entre la gracia fácil, el deseo epatante a lo Bayly (el modo en que trata la homosexualidad casi es exhibicionista, sorprendente en este octogenario en proceso de resurrección, no hay sugerencia, hay evidencia y subrayado grueso, las escenas lésbicas parecen la forma en que él fantasea cuando se tiene que poner a tono, no es amor lésbico, es sexo de peli porno para hombres, sin más). Hay un capítulo de los finales que retoma esa estructura difícil pero con un truco repetido de los suyos, creo que de “Lituma en los andes”. Varios personajes viven sus experiencias paralelamente, el lector tiene cada dos párrafos un cambio de lugar y personajes y tiene que adivinar dónde está y quien habla. Pero lo dicho. El truco es viejo. No hay un verdadero alarde experimentador. Este hombre escribe ya como el abuelo que mete barcos en la botella. Es su afición para cuando su nueva y flamante mujer esté ocupada. Como ya hizo historia literaria, ahora se dedica a hacer historietas. O a lo mejor es el modo de llegar a más público. Los grandes premios te dan prestigio. Los libros comerciales te dan dinero. Pero… ¿a él le hace falta el dinero? No, prefiero ver este libro y el anterior como divertimento de escritor que se lo puede permitir.
Aún así el libro es agradable de leer si no te apetece nada fuerte. Hay que llevarse algo a la playa y la gente no suele apostar por cosas como “La república” de Platón. Esta novela sirve para eso, para el verano y las neuronas perezosas y no es tan desastrosa que nos sintamos insultados, hay grandes momentos y los personajes están muy bien dibujados(también las situaciones). Es literatura comercial, muy comercial para venir de quién viene. No llega a Best Seller (aunque venderá mucho) pero se queda a medio camino. Hay que entender que no todos los libros quieren ser obra maestra. Algunos solo quieren que pasemos un buen rato. Y a mí, contra algunas críticas que lo destrozan por su falta de ambición, debo decir que de tanto en tanto prefiero algo así, menos engreído, más natural. Este escritor en zapatillas de andar por casa se lo está pasando bien. En su vida y en su escritura. Ahora ve y dile lo que tiene que hacer. Con ochenta años. Aunque lo de Panamá no se lo voy a perdonar, eso no. La literatura, eso sí, es otra cosa.

  

martes, 17 de mayo de 2016

El inicio de la primavera



A los que nos gusta escribir además de leer, ciertos libros son algo más que lo que nos cuentan. Pueden llegar a ser auténticas clases magistrales de cómo mejorar en nuestra afición.
Leyendo a Penelope Fitzgerald no puedo evitar el punto de vista de alumno. Con esta obra fue finalista del premio Man Booker del 1988. Lo era por segunda vez en este prestigioso premio de, sin embargo, patriarcal denominación. Y desde luego debió ser una justa finalista. Tanto que he ido a curiosear quien fue el ganador y me sale que Peter Carey, un tipo con bastante prestigio pero que a mí no me ha demostrado aún gran cosa. Leí algo suyo que no me dejó muy impresionado pero todos cambiamos, volveré a él cuando pueda. De momento tengo a Penélope, esta elegante escritora inglesa publicada por cómo no, Impedimenta. Traducida por Pilán Adón, una escritora española muy amiga de lo sutil y de escribir historias dejando al lector que construya entre líneas, no dándolo todo mascado. De ahí que esta obra de traducción deba haberlo sido también de amor. Y se nota. Una delicia de principio a fin. Premio a la escritora y premio también para la traductora por no ser traidora. Estoy seguro de que el original inglés no puede estar lejos en intención de esta traducción que entiende el estilo de Fitzgerald.
La novela está ambientada en la primavera de 1913 en Rusia. La escritora había viajado allí así que escribe sobre sus experiencias, suele ser mejor así. Allí el impresor Frank Reid se queda compuesto y sin esposa. Esta le deja con sus tres niños y ahí se las apañe. Pero pronto llegará una extraña jovencita rusa que cuidará a sus niños y… Da igual, no penséis que ya conocéis el final porque nada de lo que suceda se acercará a lo que habéis pensado. Esto no es literatura de fórmula. Tampoco se nos explicará en grandes y elocuentes y calculadas escenas de pasión. Aquí las revelaciones se suceden como en la vida. Tarde o cuando no te las esperas. Casi no te das cuenta de que se te ha revelado algo porque sucede en un momento rutinario y se habla de ello como si no se estuviese realmente contando algo relevante. El gran misterio de esta novela es saber por qué la mujer del impresor se fue pero luego hay misterios añadidos. Y preguntas que te puedes hacer al final y que quedarán en abierto, para que las pienses tú y te montes tu propia aventura pero tranquilos-as, las líneas básicas quedan explicadas. La historia tiene un desenlace que cierra sus cabos más importantes. Aunque como dice el epílogo, estos susciten nuevas preguntas.
En este libro, decía, se aprende a escribir obra clásica o moderna. La forma en que puedes describir a un personaje en un párrafo (desde James Salter que no leía a nadie dar pinceladas tan precisas y acertadas), a no ser efectista, a resultar verosímil en todo momento, a escribir menos para que sea más, a estructurar bien un libro, a fabricar el tiempo literario, a sugerir sin mostrar…


A veces la narradora nos hace volver a leer la misma página porque algo relevante ha pasado y sentimos que se nos ha escapado. Este libro no puede estar arriba en las listas de ventas precisamente por eso, porque estas se definen porque la mayoría no tiene cierto nivel y la mayoría tiene que leer algo más fácil de consumir. No es una queja, es lo que hay. La literatura más compleja o elitista no puede arrasar en las librerías debido a que no todos los lectores pueden dar el tipo o porque se necesita cierto bagaje anterior para disfrutar de todos sus matices. Pero Impedimenta ya ha apostado por Fitgerald más de una vez, leí “La librería” hace tiempo (un libro autobiográfico pero creo que inferior a este). Creo que también hay un espacio para que juguemos los que hemos leído mucho y no podemos seguir leyendo siempre lo mismo.

Al final del libro hay un Postfacio de Terence Dooley que enriquece el libro y nos hace querer saber más no solo de la literatura de Penélope Fitzgerald, si no de su vida, una mujer que publicó su primer a los cincuenta y ocho años. O que a los cuarenta y cinco había perdido su casa y empezaba su vida desde cero y consiguió vencer todo tipo de adversidades en plena madurez. Interesante.