lunes, 9 de noviembre de 2015

"Nosotros caminamos en sueños"

A Patricio Pron le conocí porque era uno de los listados entre los veinte escritores jóvenes iberoamericanos más importantes que salió hace unos años. Eran la generación Granta 2010. Desde luego qué fácil es inventarse una generación. Coges unos cuantos individuos de edades similares que escriban más o menos bien, los juntas, los fotografías y ya tienes generación. Aunque luego entre ellos se parezcan como un huevo a una castaña.
También disfruté del mal rollo que tenía con Alberto Olmos, un compañero de generación. Patricio le reseñó malamente en un blog y el otro se picó. Lo curioso es que el ofendido, Albertito, tenía y tiene un blog de literatura llamado “Lector mal-herido” dónde ha apuñalado a montones de escritores y libros. Divertido sí, mucho, pero sólo es una de esas diversiones malsanas que te hacen sentir mal contigo mismo. Patricio no es tan provocador como el otro pero sí dijo que no le convencía mucho “Ejército de Salvación” de Olmos y lo argumentó.
Debo decir que en algún momento he disfrutado con lo escrito por Olmos y en otros con lo escrito por Pron. A mí me da igual que no se quieran entre ellos. Yo soy público de ambos. Como ese amigo que está peleado con otro y tu les sigues hablando a los dos, en esto no tienes que meterte.
Pero hablando de este libro… Bueno, decir que aunque esta es una edición reciente y ampliada salió originalmente con el título “Una puta mierda” en el 2008 y es novela primeriza del escritor argentino. Tal vez por eso no me ha gustado tanto. Yo he leído todo lo que le sigue y me pareció bueno, especialmente sus cuentos. En sus cuentos coge un pequeño detalle irrelevante y lo estira y le saca jugo como el monologuista español Luis Piedrahita que quiere ser el Dios de las cosas pequeñas. En esta novela hay atisbos de lo que vendría después pero no me sorprende. Y además le veo todas las referencias que son tantas que ya me salgo de la narración. Habla de una guerra imaginada en las Malvinas y contra los ingleses. Sí, imaginada. No se adapta a la realidad. Es kafkiana. También me recuerda al teatro absurdo de Beckett. La guerra es en las trincheras y contra un enemigo que no vemos y recuerda muchísimo a “Senderos de gloria” de Stanley Kubrik basada a su vez en la novela de Humphrey Cobb.
Aún así tiene sus momentos y es divertida. Siguiendo con las comparaciones con monologuistas hay escenas que me recuerdan a Gila. Hay una dónde unos turistas japoneses que pasan por las trincheras se quejan al alto mando porque en la agencia les prometieron que podrían fotografiar muchas mutilaciones y no están cumpliendo con el acuerdo.
En fin, diría que de la guerra ya se ha hablado más y mejor en por ejemplo “El miedo” de Gabriel Chevalier, “Trampa 22” de Joseph Heller, y muchos más. Y que algunos lo hicieron muy bien porque la vivieron y saben mucho de lo que cuentan. Pero Patricio Pron por lo menos, no aburre. Incluso aunque no estuviera allí y solo toque de oídas(y se base en las mentiras que daban los informativos o sus profesores sobre el conflicto).  
Claro que esto es comedia. O surrealismo. O no sé. Patricio Pron no es muy clasificable.

Pasable. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

"Sólo de lo perdido"

Carlos Castán es un escritor muy estiloso. Pero eso sí, no le pidas que te cuente historias muy originales con grandes giros sorprendentes, con personajes muy diferentes que hablan cada uno con sus particularidades, con argumentos que te atrapan y quieres saber qué es lo próximo que va a ocurrir. Para eso último tenéis a Dan Brown. Para lo demás tenéis a esa maestra literaria que escribió
“Cincuenta sombras de Grey” y nos dibujó personajes tan alucinantes como la chica “monguis” y el tipo duro (aunque un poco imposible) que le daba la caña que necesitaba. Y no, no es que por aquí no vaya a salirme de la pedantería y algún día no vaya a reseñar autores más comerciales pero últimamente me apetece algo más adulto. Ya os avisaré cuando me apetezca leer y escribir sobre estupideces. Hay un momento para todo.
Carlos Castán es muy suyo, muy “él mismo”. Este libro es de cuentos pero recientemente también escribió una novela “La mala luz” dónde nos demostraba lo poco que le importa lo que cuenta. A él lo que le va es el cómo. Sí, podría haberse dedicado a la poesía y no hacernos creer que nos va a explicar una historia al uso pero bueno, que de todo tiene que haber en literatura. Y bueno, a mí me lo hace pasar muy bien.
En este libro volvemos a ver a sus personajes simétricos caminando por bares de mala muerte y con poca luz, por librerías o grandes superficies dónde se lleva muchos discos y mucho papel impreso por Junio o Julio (dos personajes en dos cuentos distintos tienen esta costumbre con lo que adivinamos que el autor también y bueno, yo mismo de peque acumulaba cómics para llevarme al pueblo en verano, hacia más compras por esa época). También le vemos apasionarse por mujeres que pasan un poco de él y a las que tiene que matar porque ya sabemos que en España o eres mía o te asesino un poco. Y porque es tan romántico eso de pegar hachazos en la cabeza a por ejemplo, el amante de la que te ha dejado plantado… ¿A que sí?
Pero no os dejéis engañar por esta ironía o sarcasmo que al igual que el desodorante no me abandona. El tipo escribe bien. Y no es porque naciera en Barcelona como yo. Creo que actualmente da clases o algo así por Zaragoza, no sé, vosotros también tenéis wikipedia. Escribe bien porque su literatura fluye como una buena melodía.
Su estilo esta hecho de frases largas pero fluidas (ya lo he dicho), uso y abuso de las comas, enumeraciones múltiples, primera persona del singular como la narrativa a partir del siglo XX que es muy egocéntrica pero así somos, melancolía, el pasado ganándole la partida al presente y no siempre para bien, bastante tristeza…

“Tu vida es eso, es esa despedida que no se nombra ni se acaba, el deseo que regresa de vacío, el ruido del ascensor que te sobresalta en medio de la noche pero que siempre va a otro piso, más arriba o más abajo, y te despiertas solo y sin saber ya qué ocurre, qué ocurrió, dónde demonios se jodió todo”   

Ese párrafo lo dice porque espera que la chica que perdió sin saber cómo no regresa y él la espera, de ahí sus problemas con los ascensores que no paran en su piso. Un poco obsesivo-compulsivo.  

“A veces un barrio se queda de pronto vacío, Mucho antes de que los amigos comiencen a dispersarse en matrimonios incomprensibles, en provincias de risa, en trabajos sin sentido perdidos por el mundo. A veces pasa eso y todo un tiempo de golpe se desmorona como una torre, cambia la luz de las tardes, y sobre las cosas se va dejando caer despacio una borrosa nube de cansancio.”    

¿Veis lo que digo sobre lo que le gustan a este hombre las comas? Pero si podemos jugar mucho a que somos Carlos Castán. A ver, vamos a hacerlo un momento “Y llegó la España de la crisis, con los presidentes tristes de los brotes verdes que nunca llegaban o los que sólo se le aparecían a los periodistas a través de un plasma, con las reuniones para comer junto al contenedor de basuras, con el artículo de la Constitución que te aseguraba el derecho de la vivienda abolido, con…” ¿A que es fácil? Intentadlo, es divertido. Llevo todo el día jugando a que soy Castán.
Por último decir dos cositas. La primera que desde que le recomendé este libro a un amigo bloguero siempre me pide más recomendaciones de este estilo. Es un amigo al que se lo recomendé porque tenían estilos muy similares. No puedes recomendar el mismo libro a personas diferentes.
Otra anécdota es que cuando terminé de leerlo comprendí que hace años ya lo había leído. Pero claro, todo lo que escribe este hombre es tan homogéneo que pensé que mis repetidos Déja vu eran producto de que Castán se repite más que el ajo. Me he convertido en esos viejos que cuando era crío y los veía preguntarle a la señora del videoclub si habían visto o no cierta película me hacían gracia. ¿Cómo podían no recordar si habían visto algo? Pues ya veis. El espíritu de aquellos señores que seguro que ya no existen ha venido a vengarse. ¿Acabaré preguntando si he leído esto o aquello a un tercero-a?

Saludos y leed lo que queráis. Y si es algo bueno recomendarlo.      

lunes, 26 de octubre de 2015

"Meridiano de sangre"

Cormac McCarthy es uno de los cuatro escritores vivos que según Harold bloom, crítico reputadísimo americano, se sitúa entre los mejores cuatro escritores estadounidenses vivos actuales. Aunque uno nunca sabe hasta cuándo durará esto. No porque dejen de ser buenos escritores sino porque debido a sus avanzadas edades, el más jovenzuelo no baja de los setenta y muchos, dejen de estar vivos. Este McCarthy es cosecha del 33. Un escritor misterioso pero no tanto como por ejemplo Pynchon del que ni tenemos su rostro (bueno, de este ya hablaré en profundidad cuando toque). McCarthy no concede entrevistas pero al final parece que se desvirgó con la famosa Oprah Winfrey. Me hubiese gustado verla.
Le he leído bastante. Y vosotros también puede que lo halláis hecho sin saberlo.  Si habéis ido al cine a ver “La carretera” o “No es país para viejos” o alguna más ahí lo tenéis. Se le ha adaptado bastante.
No así sucede con este libro. “Meridiano de sangre” es un libro de casi cuatrocientas páginas en edición de bolsillo. Quítale ciento y pico en edición de las de tapa dura y vete a saber cuántas en edición pirata virtual. Pero de esas no hablaremos aquí.
Este libro podría pasarse al cine. Hace poco vi en Sitges “Bones Tomahawk” y había una brutal escena hacia el final con indios y americano torturado que me recordaba al menos en espíritu a lo que me cuenta este libro. Porque este es un libro sobre la crueldad humana. Parece el “Infierno” de Dante versión Salvaje Oeste (dónde salvaje podría ser también “slasher” o cualquiera de esas películas de terror con mutilaciones ya que incluso Jason o cualquiera de estos monstruos se echarían las manos a la cabeza viendo tanta casquería y tan creativa reunida).
Los blogueros críticos reduccionistas han dicho que esto es una historia del Oeste y se han quedado tan anchos. Pues vaya manera más simple de definirlo. Todo libro se puede reducir a algo y dejarlo en nada. “Moby Dick” es la historia del correcaminos, todo Faulkner es un montón de habitantes de un pueblo inexistente hablando a la suya, Proust es un tío que se comió una magdalena y se acordó de cuatro tonterías… ¿Lo veis? Si no te gusta un libro lo reduces a su esencia y lo ridiculizas. Y no es así. La literatura es descompresión. Coger lo pequeño y estirarlo y sacarle partido al detalle.
Aquí es cierto que hay cierta monotonía de la matanza pero incluso eso es genial. Es todo tan horrible y tan seguido que llega a dejar de importarte en algún momento. Se produce esa anestesia del horrorizarse. Ciertos verdugos masivos aseguran que cuando has cortado muchos brazos o mutilado a mucha gente o la has matado ya es como un trabajo más. ¿Terrible? Mucho. Pero cierto. Pues creo que eso puede pasar con este libro. Que alguno se descuelgue porque al final hay una sucesión de masacres que pueden resultar redundantes. Pero dejadme decir que esto es una parte más de lo que hay en estas páginas.
Porque Cormac McCarthy es más que eso. Este escritor es descripción brillante del paisaje duro que conoce bien. Y adapta el paisaje al alma de sus personajes. En eso es muy brillante. Y también hay ideas escondidas en sus páginas, cierta filosofía hobbesiana un tanto exagerada pero vamos, que viendo como está el mundo tampoco anda muy desacertada…  Y además tiene estilo. Porque la poesía que luego veríamos más ampliada en otras de sus obras nunca le falta. Hay metáforas en mitad de tanta sangre, y personajes bien explicados aunque lo cierto es que aquí no hay ni uno solo que sea eso que se dice “buena persona”, todos son de natural Neanderthal (el juez es el mal hecho carne y tal vez parezca de una pieza pero no, leer sus disquisiciones o pajas filosóficas es un toque más que curioso en ciertas partes de la novela). Aún así hay estructura. Hay inteligencia.
Puedo entender a los que quieran desviar la vista porque no tengan estómago para tanto pero oye, no me lo descalifiques como si estuvieras leyendo “Viernes 13” porque esto es otra cosa. Si no te van los platos fuertes este pica como el demonio. Es como si te va la comida con sal y te metes un taco mejicano con extra de salsa de guindilla. Si quieres literatura feliz espérate a que yo tenga el día optimista y te reseñe algo más ligero o pregúntale a otro bibliotecario cerca de tu casa pero no leas “Meridiano de sangre”. Porque no es duro, es lo siguiente.
“El pistolón brincó en su mano y dos puñados de los sesos de Owens salieron por la parte posterior de su cráneo y cayeron al suelo con un ruido fofo. Owens se desplomó y quedó tumbado de bruces con un ojo abierto y la sangre manando de la destrucción que mostraba la parte posterior de su cabeza”
 ¿Os parece poco? Pues lo es. Es el ejemplo más suave que he encontrado. El resto son exterminios que incluyen niños, cachorros, mujeres… Tu mismo-a.
Y en cuanto a la filosofía mirad las cositas que dice el curioso juez del que nada y todo sabemos.
“Incluso en este mundo existen más cosas sin que nosotros tengamos conocimiento de ellas que en todo el universo y el orden que observamos en la creación es el que nosotros le hemos puesto, como un hilo en el laberinto, para no extraviarnos”.  
Para venir de una mala bestia la reflexión es interesante. El orden no existe. Todo es caos pero nosotros nos hacemos la ilusión de que hay un propósito, un orden, un caos, un creador. Y luego llegan los científicos para recordarnos que tendemos al desorden o entropía.

Los científicos o Cormac McCarthy haciendo hablar a su muñequito cabrón, el juez.   

lunes, 22 de julio de 2013

Libertad

Si buscamos opiniones sobre esta novela veremos apasionadas críticas a favor y enconadas diatribas en contra. ¿Por qué tan poco equilibrio en las opiniones? Supongo, y es sólo una teoría improvisada, que es una novela que se sitúa claramente en un terreno muy específico de la literatura. Es una novela de la psicología, de la lentitud del medio literario frente a la velocidad y el vértigo de la televisión o el cine actual. Es una novela para pacientes o muy leídos. No lo es para gente que necesite una sorpresa desde la primera página. Sin ir más lejos yo leí su primera mitad pensando que Franzen había "pinchado", que no era tan buena ni de lejos como su otra obra maestra que es "Las correcciones" y que aprovecho para recomendar como monumento literario supremo o casi. Desde luego en "Las correcciones" había más sentido del humor que aquí dónde vemos las tragedias de unos personajes que ven cómo sus ideales y sus sueños se van transformando cuando se estrellan contra el muro de la realidad y la experiencia.
Franzen se sentó durante diez años sin prisa pero sin pausa para escribir su segunda gran novela americana y para seguir siendo fiel a su ideal de literatura del esfuerzo. Una gran parte de la novela es una presentación de los personajes de una familia norteamericana. La infancia de los padres y los hijos, sus traumas, sus anécdotas, sus ideas, sus diferencias... El último tercio de la novela, cuando ya conoces tan bien a esos personajes que los confundes con tu familia, empiezan a sucederles hechos que precisamente porque te son tan cercanos, te sorprenden y te implican.
Todos los personajes evolucionan de una manera natural en el transcurrir de la historia. Todos ven más o menos derribadas sus convicciones más absolutas. Todos sufren humillaciones cotidianas. Todos son creíbles. Debo decir que Connie, una secundaria que no he visto reseñada por ninguna opinión, me sorprendió como adolescente sumisa enamorada hasta lo patológico de su novio. Conocí a una chica tan parecida a ella que a veces he leído el libro como si yo, en caso de ser un buen escritor, lo estuviera escribiendo. Escalofriante ver cómo los seres humanos de un lugar tan lejano para mí como Norteamérica(vivo en Barcelona) pueden repetirse y resultar tan iguales. Y digo escalofriante porque estas cosas suspenden momentáneamente tu idea de que existe el libre albedrío. O de que eres único. Pero luego entiendes que si bien nos parecemos, todos somos distintos. Y hasta te reconforta ver cómo cualquier problema que puedas padecer en la vida lo está padeciendo alguien del mismo modo y que además siente y piensa como tú. Leyendo los personajes de Franzen es difícil que no encuentres alguno que te recuerde hasta en el modo de hablar a un conocido tuyo.
Cuando un novelista hace bien su trabajo y te engaña apropiadamente no sientes que leas una novela sino más bien un ensayo. O te introduce en la historia para que trates de tú a tú con sus personajes.
Así que... ¿Recomendable? Detesto esa cuestión. Si quieres algo rápido huye. Si eres paciente has de saber que la recompensa llegará.
Yo ya no olvidaré a esa mujer que se casó con un hombre porque no consiguió a su amigo pero que a fin de cuentas entiende que los deseos también se equivocan. O a ese hombre bueno expuesto a los malos que necesita amor para seguir siendo bueno. O a su hijo sin ideales en proceso de conseguirlos. O a su nuera enferma de amor. O a su hija cínica. O a Richard, el seductor aburrido por exceso de placer y vida. O a... Bueno, son 667 páginas para ir descubriéndolos. No es nada que no se haya contado antes pero sí es algo que rara vez se cuenta con tanto detalle.
Brillante.

lunes, 17 de junio de 2013

Pensad en Flebas

Es la última vez que me justifico por leer novela de género. Y además nadie me lo pide. Mi amor por las letras nació con los cómics y germinó con la literatura de género. Después ya llegó la madurez y la pedantería. Pero en los últimos tiempos y a la luz de la experiencia no veo motivos por los que este tipo de literatura no pueda competir con el mainstream en igualdad de condiciones. Muchas novelas "realistas" premiadas apenas tienen un par de ideas para sostener el premio y mucho menos un volumen de trescientas páginas. En cambio otras novelas menos dignificadas por las academias pertenecientes la ciencia ficción, el terror o el género negro esconden joyas entre sus páginas. Y algunas incluso estilo.
No sé si estilo es lo que tiene esta novela de Iain M. Banks, tal vez no es ese su fuerte. Lo que sí tiene son ideas magníficas y un ritmo brutal. Setecientas páginas de imaginación futurista, aventuras macabras y sangrientas pero verosímiles(si eres capaz de entrar en su mundo y suspender la credulidad), de reflexiones escondidas sobre los que creen en el avance de la tecnología y la ciencia frente a los más tradicionalistas(y aunque parece que el autor se decante por unos, no es del todo así) y sobre la crueldad de la especie humana aunque en realidad lo que se dice humanos salen más bien pocos por no decir ninguno(aquí hay otras especies de forma antropomórfica y similar a la nuestra pero otra cosa). Naves tan grandes como planetas y algunas escenas de acción que se desarrollan durante cien páginas sin respiro y pueden agotar a mucha gente. Las críticas adversas le llegan a esta novela porque a veces abruma el exceso. Pero la anécdota central dónde el héroe acaba en una isla en un planeta extraño con carnívoros religiosos es de lo más original que he leído nunca. No quiero explicar nada para salvaguardar la sorpresa de los afines a este género que puedan estar interesados pero el autor consigue miedo y asco y tensión con el simple arte de escribir frases. Estoy curtido en estos menesteres pero todavía me llevo sorpresas. Cuidado con los estómagos frágiles, aviso.
Y por supuesto, si la novela sólo fuera pirotecnia pues se quedaría en interesante y ya está pero como indicaba más arriba puedes reflexionar sobre esos dos mundos enfrentados que se parecen tanto al nuestro. La ciencia ficción suele funcionar así, trasladando el mobiliario del presente al del futuro y haciendo hipótesis sobre como degeneraremos(o no).
Iain M. Banks continuó esta novela en muchas entregas más que incluso aseguran por ahí que son mejores. ¿En serio? ¿Es posible? Solía alternar esta saga con novelas del mainstream no menos crueles pero sí probablemente más premiadas. “La fábrica de avispas” sobre un joven con disminución psíquica que vive con su padre me impactó en su momento. Ambas tendencias de la narrativa del autor compartían lo imaginativo con lo cruel y alguna que otra escena especialmente epatante. Siempre sorprendían. Y ahora hablo en pasado porque leyendo la novela supe que nuestro escritor se estaba muriendo de cáncer. El pasado nueve de Junio nos dejó.
Descanse en paz, sus libros siguen vivos aunque yo lo haya descubierto más bien tarde.
Dejo como epitafio su cita de la wikipedia:

"Escribo porque me gusta, me divierte, he dedicado la mayor parte de mi vida a hacerlo mejor, y puedo vivir de ello: no hay nada como un día de trabajo."

sábado, 20 de abril de 2013

Amor en Venecia, muerte en Benarés

Se supone que es una novela. Te la venden así. O te la llevas así de la biblioteca, como un documento. Y me parece magnífico porque así puedo coger más documentos. Pero eso no evita que al terminar de leerla tenga la sensación de que haya leído dos historias distintas, cada una de las cuales con un título distinto. La primera novela sería "Amor en Venecia". Luminosa. Con historia de amor y sexo. Con alegría y euforia y fiestas y exposiciones de arte y mucho glamour. Con cocaína y gastos desmesurados en vestuario, cortes de pelo e imagen. Con humor.
La segunda historia o novela sería "Muerte en Benarés" con mucha pobreza, situaciones estrambóticas y ninguna historia de amor(o puede que sí pero desenfocadas y como en segundo plano). Con situaciones sórdidas, escatológicas. Con alguna que otra revelación espiritual(si quieres verlo así o ponerte en el lugar del personaje). Con un cambio de valores que contrasta vívamente con el de la primera novela. Con humor.
Y sí, ya veo las objeciones. Después de todo sí hay una novela. Tal vez una única historia que nos pinta dos retratos opuestos, uno de Oriente y otro de Occidente, para que hagamos nuestras comparaciones. Una historia en la que el chiste fácil o difícil está a la vuelta de cada página. Porque si hay algo de inglés en este libro es la ironía. Y eso es lo que más unifica el conjunto. El estilo humorístico del escritor. Y puede que el hecho de que al final no se trate de una novela al uso. Porque no ocurre prácticamente nada. Hay anécdotas, el enamoramiento parece que se perciba como una historia y la base de todo pero luego se difumina en otros asuntos. Definitivamente esta es otra novela que no se puede recomendar a todo el mundo. Es un nuevo ejercicio de estilo de esos tan habituales hoy en día dónde la ficción y la realidad se difuminan más que nunca. En este caso, creo, un ejercicio logrado. Al menos por las sonrisas que ha logrado en mí(no carcajadas pero sí sonrisas satisfechas y como de reconocimiento ante alguna verdad íntima).
Confieso que lo saqué de la biblioteca porque alguien me dijo que leyendo a Geoff Dyer se había acordado de mí, o mejor dicho de mi escritura. Yo no soy un escritor. No uno profesional desde luego y hay muchas distancias que salvar aquí. Pero lo cierto es que al leer a Dyer me identifico plenamente con su estilo. Es como mi alma gemela. No puede evitar hacer la gracia incluso en el peor de los casos. Es como si para no mirar directamente al mundo nos pusiéramos una máscara de payaso y nos amparásemos en la risa. Y bien, apunto este motivo porque aviso a todos los que entren en las páginas de este libro que el que aquí lo critica no puede ser objetivo con su alma gemela. Me ha gustado mucho porque me ha recordado a mí mismo. No se si puede haber motivo más mezquino para criticar positivamente a un escritor.
Su última novela es “Yoga para los que pasan del yoga”. Como en la que he reseñado, imagino que habrá de todo. Una novela que no es novela y que se mezcla con el ensayo, que mezcla la ficción con la realidad... y en la que habrá mucho humor.

domingo, 14 de abril de 2013

Tú serás mi cuchillo

Creo que me gustaba la idea de volver a leer un libro de género epistolar. Aunque fuera ficticio. Y que el autor dijera que se había basado en las "Cartas a Milena" de Kafka. Pero David Grossman no consiguió engancharme al final. Son tres cuartos de libro en los que un tipo le escribe apasionadas cartas a una desconocida que vio en una reunión y que le impresionó especialmente. El otro cuarto de libro está dedicado a Miriam, la elegida, que escribe a Yair, el personaje... ¿Enamorado? Se escriben durante más de cuatrocientas páginas. Ambos están casados. No dicen nada malo de sus respectivas parejas(eso es diferente y me gusta). Simplemente quieren hacer volar la imaginación y escapar un poco de lo restrictivo de sus vidas. Y es que el mundo israelí, entre complejos de culpa y vida excesivamente estructurada ha dado mucha literatura de la fuga desde el citado Kafka hasta el autor que nos ocupa.Claro que no hace falta ser israelí para sentir como a veces cierta vida te atrapa y te asfixia. Y es entonces cuando los sueños o el arte, lo que más te conviene, llegan a sacarte del aburrimiento. 
Yair, el hombre de esta historia, no parece querer nada sexual con Miriam(él se lo pierde). Miriam le recrimina que a su mujer no le permite acceder a su alma y que a ella no le permite acceder a su cuerpo. De hecho, creo que las mejores páginas salen de Miriam(aunque no olvido que ambos personajes son David Grossman pero un acierto del libro es que consigue diferenciarlos bien, buen trabajo psicológico). Es pues de Miriam de dónde salen las páginas dónde parece que ocurra algo. Porque gran parte del libro se pierde en ensoñaciones estériles y vacuas de un tipo que se aburre y que cuenta sus sueños, sus ideas mínimas o su infancia(esta parte también se salva de la quema que le estoy haciendo junto a su adolescencia y el magnífico pasaje con la prostituta). Pero pienso que las palabras de los amantes deberían ser más secretas que los secretos de estado. Fuera del entorno de una pareja, lo que se dicen cuando se cortejan o cuando se aman es objetivamente ridículo. No se puede leer en frío sin sonrojarse según qué estupideces. El lenguaje del amor es más bien bufonesco por no decir infantil y requiere estar enamorado para soltarlo sin vergüenza. Y así me parecen algunos de los razonamientos pequeños de Yari que no se si ama, que si es un quiero y no puedo o que si solo quiere soñar escribiendo para entretenerse pero que no consigue atraparme con sus razonamientos. 
Este libro da para algunas reflexiones, no lo niego, los amantes se conocen mejor con estas cartas y el punto de partida sobre la escritura como válvula de escape para soportar la vida me gusta. Pero insisto, no hay sensación de avance. 
Si eres un-a romántico-a empedernido-a y no necesitas nada más puedes echarle un vistazo o leer unas páginas en algún rincón de la biblioteca antes de cogerlo en préstamo o comprarlo en la tienda(o bajarlo para el e-book). Si a los libros le pides un poco de todo tal vez debas abandonarlo. Y es que digo yo, si le escribes a una mujer con tanta pasión... ¿Por qué excluir el humor? No hablo de convertirse en un payaso todo el tiempo pero es que de tan en serio que se toma las nimiedades que dice el personaje de Yari, acaba resultando involuntariamente cómico. Y eso no es bueno.
Daniel Glattauer escribió un par de libros con punto de vista similar años más tarde. Leí el primero "Contra el viento del norte" y por lo menos me pareció más interesante, su buen ritmo narrativo te hacía olvidar lo tópico de la propuesta. A David Grossman no le va tanto la marcha. O toca una melodía que yo no sé apreciar.
Pero no me hagáis caso, la última palabra es vuestra.